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7 julio 2014 1 07 /07 /julio /2014 16:15

 

 

 

 

 

Entiendo por ciencias sociales aquellos  grupos del saber que hablan de los modos de ser y de estar de una  sociedad. Hablamos de disciplinas como la sociología, la economía, la política, la historia, la geografía, la lingüística, la demografía, la comunicación, la pedagogía, el derecho, las relaciones internacionales, las relaciones públicas, la demografía, las ciencias de la cultura, entre las que incluyo a la antropología, la arqueología, y con reparos a  la gestión cultural, digo con reparos porque creo que todavía le queda bastante para ser considerada una ciencia. Seguro que alguna se me queda en el tintero, parten de ciencias  como la filosofía, la teología, la estética y otras  como la sicología social.

sociales

Es obvio que el saber de las ciencias naturales y exactas ha crecido mucho más ordenadamente que el de las ciencias sociales. Han realizado avances que son visibles a los ojos de cualquier neófito. La medicina, la física, la química, nos van construyendo un mundo capaz de hacernos imaginar un futuro muy “prometedor” para la especie humana. Las nuevas tecnologías, hijas de varios saberes científicos, han construido un imaginario que nos aleja de la realidad. Esa preciosa contradicción de lo tangible de la máquina y lo intangible de sus propuestas.

Envejecemos más, mucho más y algunos dicen que lo hacemos mejor. La media ha crecido y en gran parte del mundo está por encima de los 75 años de edad. Las máquinas nos facilitan tanto el trabajo que a veces hasta nos lo quitan. Los índices de mortalidad bajan. Las cifras demográficas son increíbles, vamos camino a los 9.000 millones de seres humanos.  Más de la mitad de la población sobrepasamos los 55 años[1]. La capacidad laboral de un mayor de 55 años es muy poco valorada por los empresarios contratantes.

Uno escarba en internet y son muy pocas las cosas que encuentra sobre la utilidad de las personas mayores en la sociedad del siglo XXI, y en cambio son infinitas las que encuentra sobre lo contrario. La inutilidad y la cantidad de problemas que generan.

De igual forma los estudios económicos tampoco parecen haber dedicado un tiempo de sus reflexiones a pensar sobre la productividad social del adulto mayor, como se nos denomina eufemísticamente.

Los políticos hablan de las pensiones en las campañas electorales, pero sistemáticamente se ven obligadas a bajarlas o no pagarlas, dejando a miles de viejos, perdón adultos mayores,  en la indigencia más atroz.

La cultura tiene una especial obsesión con la infancia, teatro para niños, cine para niños, talleres infantiles, etc, etc. Pero a los viejos, perdón a los adultos mayores,  que les den.

Las máquinas siguen sistematizando todas las cadenas de producción, y son cada vez menos importantes los seres humanos. Las nuevas tecnologías nos han hecho un gran favor al acabar con los sindicatos, es tal el miedo a quedar sin empleo, que aceptamos lo que nos den, lo que nos paguen. El trabajo es un bien escaso. No son las máquinas las que están echando a los trabajadores, es la codicia y el ansia de beneficios. Pero las máquinas son una excusa muy fácil de esgrimir.

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¿Dónde está ese proceso de reflexión que en teoría busca la filosofía de la ciencia tratando de encontrar  la relación de las ciencias entre ellas y con la realidad?

¿Dónde está esa reflexión cultural con la forma más extendida de discapacidad hoy día que es la vejez?

¿Dónde está ese dialogo que no es intercultural, ni multicultural, ni policultural, sino generacional, inter-científico, y sobre todo real?

¿Qué están haciendo la política y la economía frente a los grandes cambios que se van produciendo y que de verdad construyen un mundo completamente diferente al que había?

¿Qué proponemos cuando el 30% de los niños en España rozan el umbral de la pobreza, cuando el desempleo es lo más alarmante de todo cuanto nos ha sucedido en muchas décadas, cuando los salarios bajan más de un 25% y la brecha  social crece más de un 35%?

Como dice Nuccio Ordina en su manifiesto sobre la utilidad de lo inútil “Sólo el saber puede desafiar una vez más a las leyes del mercado. (…) El saber constituye por si mismo un obstáculo contra el delirio de omnipotencia del dinero y el utilitarismo”. Tarea fundamental de las ciencias sociales, ayudarnos a saber, a pensar, sin querer rentabilizar, ni amortizar. Saber. Porque el saber nos ayuda a vivir mejor juntos.

Los que nos dedicamos a las ciencias sociales  debemos dejar de hablar del siglo XIX. Proponer cambios. Pensar modificaciones. Elaborar nuevas teorías sociales.

No debemos seguir dejando crecer esa brecha inmensa que hoy existe entre las ciencias “duras” y aquello que debe ser el objeto de nuestro pensamiento. En todo ello la cultura, la gestión de la cultura, de los espacios dedicados a la cultura, al encuentro, a la vida en conjunto, tienen mucho que decir y hasta la fecha solo se escucha su silencio.

 



[1] http://www.eclac.cl/celade/noticias/paginas/7/29157/villalon.pdf

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4 junio 2014 3 04 /06 /junio /2014 12:54

Con lo que cuenta   la gente que no ha leído el Quijote pero que dice haberlo hecho se podría escribir otro libro repleto de versiones imaginadas, reconstruidas, reinventadas,  elaboradas algunas con más acierto y  otras  con menos. Igual sucede con Romeo y Julieta u otros libros de igual trascendencia histórica y literaria.  Versiones imaginadas, reconstruidas a partir de lo que uno escucha o lee en los resúmenes de las contraportadas o las páginas de internet que ofrecen esa visión pensada para  trabajos escolares.

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Tantas las cosas  que hablamos de oídas, que contamos como si supiéramos a ciencia cierta de lo que estamos hablando, que hemos construido más  mundos paralelos del conocimiento, que certezas y modos de ahondar en el saber.

Uno de los más grandes se ha elaborado en  la política. Especialmente en la política de los espacios de integración. La gente cuenta lo que es Europa de oídas, de lo que escuchan,  pero  saber lo que significa el proyecto, lo que construye Europa, no he escuchado a nadie  que  sepa de lo que habla.

Ha sido especialmente notorio en las elecciones del 25 de mayo en Europa,  nadie ha votado por Europa, lo han hecho  en clave local, con las frustraciones y los miedos de cada uno  de los países jugando a tapar otro tipo de desilusiones con la política, pero sin pensar nunca, ni electores ni candidatos,  en Europa. En un proyecto pensado para vivir juntos y hacer cosas compartidas.

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La verdad que Europa ha entrado en un declive tan espectacular en lo que significa su proyecto que entiendo perfectamente que nadie se trague el cuento de que estamos mejor dentro que fuera. Tras la debacle que ha significado este “estar dentro” para los países periféricos, comprendo que se vote con  el estómago, con las vísceras,  y que muy pocas veces se haga  con la necesaria cabeza para racionalizar lo que nos jugamos en cada caso. Quizás sea eso la democracia. Remover las vísceras de las personas hasta que sea su bilis la que impregne la marca de la papeleta de votación.


Lo Iberoamericano ahora no funciona nada de nada. Pero es que lo latinoamericano parece que tampoco. Lo americano dejó de funcionar desde hace un tiempo largo, y la OEA parece haber tirado la toalla de una posible integración, ni jurídica, ni política, ni mucho menos cultural.

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Cuando escuchas a los dirigentes de estos espacios, tienes la sensación de un Quijote imaginado. De un libro que no han leído y que reconstruyen a partir de lo escuchado. Las páginas de este libro están en la gente, en las historias de la calle, en los desahucios, en  la falta de circulación de personas, en el desconocimiento del vecino.

No vemos sus películas, no leemos sus libros, no escuchamos sus músicas, no hemos entendido que el alma de esos acuerdos de integración está ahí, en la gente, en lo que hacen cada día, en su cotidianeidad. Los hemos llevado a lugares en los que esa alma nunca entra y por ende a sus “narradores” no les queda otra que inventar un Quijote que Cervantes nunca escribió. Pero la historia sigue ahí en sus páginas, no en lo que se quieren inventar, sino en lo que se niegan a leer.

 

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1 mayo 2014 4 01 /05 /mayo /2014 17:00

 

 

 

 

 

Son tantas y tantas las cosas que leo, que escucho, que veo… que cuando voy a decir algo siento que es reincidir en lo dicho, escrito o escenificado. Tener la lucidez y la visión de abordar algo nuevo o algo viejo de forma nueva no es un don que la vida me haya regalado, me repito, y seguro que me seguiré repitiendo, es algo que se ha de hacer,  insistir en lo que  anda mal, repetirnos hasta la saciedad en la queja y el inconformismo, pero también  aplaudir lo que consideramos anda bien.

Y eso es lo que quiero hacer hoy, aplaudir lo que anda bien, que de lo que anda mal hemos hablado en demasía. Sabemos  que los bancos roban, los políticos mientes, los empresarios no tienen frenos, la justicia es injusta y la sociedad se cercena a si misma en insolidaridades absurdas. De todo eso  ya tendremos tiempo de hablar. Hoy me quiero permitir un bocado de esperanza. Luce un sol hermoso en Bogotá, veo unos cerros maravillosos y verdes frente a mi ventana de chapinero y acabo de leer cinco o seis proyectos que me han parecido estupendos.

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Ha llegado el momento de disfrutar  que cada vez haya más gente preocupada por la gente, ¿cuándo habían visto ustedes plataformas solidarias de personas que dedican su vida a buscar el modo de derogar leyes injustas, pelear por cambiar cosas que creen han de cambiarse o pedir firmas por todos los medios a su alcance para que los gobernantes sepan que no nos comemos los mocos? Plataformas para cofinanciar procesos. Plataformas para aumentar el saber colectivo. Plataformas para realizar trabajos compartidos. La tecnología hasta ahora era usada sólo para matarnos. Ahora estamos comenzando a entender que también nos podemos reconstruir, reinventar gracias a la tecnología, que no es patrimonio exclusivo de guerras y milicos.

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Cada vez se indigna más gente  por la injusticia que supone la pobreza extrema, y más gente pelea cada tarde en las calles y en las plazas a pesar de esas malditas parodias que llaman de seguridad ciudadana. Los homosexuales ya no son vistos como bichos raros en gran parte  del mundo, quedan lugares todavía. No se maltrata a los animales con la facilidad que se hacía antes, salvo en las plazas de toros  y círculos parecidos. No se permite la esclavitud, ni el trabajo infantil, ni se pueden tirar plátanos racista impunemente;  en fin muchas cosas han cambiado, sobre todo desde que las mujeres tienen más peso en la construcción social se está  humanizando el proceso, es más solidario y más capaz de entender al otro como un legitimo otro. 

Las artes, la cultura en general,  han adquirido un peso importante, a veces se le confían  demasiadas cosas, pero van encontrando un lugar real entre sus capacidades y sus desarrollos. La educación ya nadie duda que es el eslabón imprescindible para un crecimiento sostenido y sostenible, la sanidad ha aprendido a enseñarnos a prevenir, más que a curar, el medio ambiente es la batalla de todas las escuelas.

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Las cosas han mejorado mucho en varios escenarios. Tienen que seguir mejorando, tenemos que seguir peleando, pero no podemos dejar de ver todo lo que se ha alcanzado. Se ha logrado mucho  gracias a  la lucha continua, sostenida, sin tregua que muchas, muchas personas dan cada día. Disfrutemos de lo logrado para seguir logrando más y más cada vez. Merece la pena. Hacer un mundo mejor para nuestros hijos y para los hijos de nuestros amigos y  para los hijos de nuestros enemigos, merece mucho la pena.

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30 marzo 2014 7 30 /03 /marzo /2014 16:46

Ante dos palabras que dan tanto juego lo primero es aclarar qué entiendo por cada una de ellas. Entiendo   como  “Lo Público” aquello  que ejerce el poder emanado de las urnas y amparado por la capacidad de ejercerlo por la fuerza de forma legal, es el único poder que pude en un país usar la violencia de forma legítima. “Lo Privado” es aquello que se construye normalmente en torno al dinero, un modo de ejercer  el poder basado en la economía y que se consigue  a fuerza de ir acumulando capital y conseguir que ese capital siga generando más capital. Lo público debe gobernar para todos, y lo privado construye para él y si le da la gana reparte un poco. Si le da mucho la gana se llama responsabilidad social empresarial y a veces se llama también mecenazgo. Pero de estos nombres nos ocuparemos luego.

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Están las religiones y sus diversas formas de institucionalidad,  no se sabe si son  públicas o privadas, por lo general se suelen llevar bien con ambos niveles, lo que es muy beneficioso para sus “otras formas” de ejercer el poder pero de ellas hablaremos en otro momento.

Lo público a veces se vuelve loco, ejerce el poder de formas incomprensibles y usa la violencia de forma indiscriminada y atroz. Lo privado a veces se vuelve exageradamente ambicioso y acumula y acumula hasta niveles increíbles.

Oxfam: 85 personas acumulan tanta riqueza como la mitad de la población mundial

Lo público (que cada vez va perdiendo más poder) parece que sólo tiene dos salidas para frenar a lo privado, o se enfada mucho y lo insulta y le dice que es un acumulador y explotador  de mierda y trata de sacarlo a patadas de todos los lugares, o se pliega a él y se vende y juega sus cartas y hace lo que lo privado le dice y lo que le ordena de mil formas diferentes.

Me preguntó  si 3000 años de política han dado sólo para esto. Me da en la nariz que deben existir otras muchas alternativas, pero ¿por qué no las vemos, o no las conocemos?, esa famosa tercera vía se quedó justo en la parte muerta de la estación, la tercera vía… muerta.

En estos momentos hay dos ejemplos de rabiosa actualidad que definen cada una de las situaciones presentadas, uno donde el poder público no deja de culpar al privado de todos los males que aquejan a la sociedad y hace un uso excesivo de la fuerza para reprimir todo modelo de oposición, con el horrible saldo hasta la fecha de casi 40 muertos y otro donde el poder privado le ha dicho al público lo que tiene que hacer y la violencia viene de la mano de los desahucios, las tropelías bancarias, los atropellos a lo público como la sanidad, o la educación y el abandono de una política de propuestas para toda la comunidad. Ponga cada uno el país que le suene en cada caso.

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Es obvio que la democracia se ha cansado de representar a todos y sólo permite que lleguen a las elecciones los que tiene algún tipo de poder, o el público o el privado. ¿O será el ciudadano el que se ha cansado de la democracia y no quiere llegar al poder público y prefiere ir directo al privado?

El poder público tiene una capacidad transformadora que todavía no ha alcanzado el privado, aunque persigue ese objetivo  a pasos agigantados.

Los que trabajamos en el sector de la cultura dependemos en exceso de los dos poderes. Dependemos de las leyes que nos dan desde lo público, las subvenciones, ayudas, políticas fiscales, etc y dependemos del poder privado que  nos dan por aquello de que son generosos y de vez en cuando hacen de mecenas,  de responsables socialmente. Pero no hay ninguna legislación ni medida que les diga que su obligación también es construir belleza para todos.

Siempre cuestionamos el poder, venga de donde venga y sea del cariz que sea, pero dependemos en exceso del poder y me pregunto si 3000 años de hacer cultura no han servido para generar otras modalidades. Será que ahora que se consume mucha más cultura y por muchos más medios se nos ocurre alguna forma de vivir de nosotros y generar nuestros recursos,  a parte de los poderes tradicionales,  o si lo hacemos repetiremos los errores de "esos"  otros poderes.

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Un cambio de época como el que estamos atravesando debe repensar los modos del poder, las formas de dependencia del poder, las maneras de acceder al poder y los usos que se le dan al poder. Como se ha dicho en infinidad de ocasiones los cambios comienzan en uno mismo y las formas de cambiar en cultura, seguro que afectan a las formas de cambiar de la sociedad, al final ambas están unidas umbilicalmente. El protagonismo de la sociedad civil en el desarrollo de la cultura es cada vez mayor. Tal vez repetir esto en la política puede resultar beneficioso para todos. Para ello habría que saber contar lo que pasa en este sector y proponer alternativas primero para el sector y que fueran trasmisibles en los procesos de construcción global. Todavía recuerdo la importancia que tuvieron los movimientos vecinales en la democracia española del siglo XX. La importancia de la cultura en aquellos movimientos vecinales. La importancia de la cultura en la conquista de la democracia, del dialogo y de la participación de ambos poderes en la búsqueda de un bien común. Bueno en aquella época de los tres, porque hasta participo la Iglesia. Pero de eso hablaremos en otro momento.  

 

 

 

 

 

http://dinero.univision.com/economia-y-negocios/grandes-empresas/article/2014-01-20/oxfam-85-personas-acumulan-tanta-riqueza-como-la-mitad-de-la-poblacion-mundial

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7 marzo 2014 5 07 /03 /marzo /2014 02:26

Ha llegado el momento de romper una máxima  mantenida durante mis ya más de 30 años de   “ires” y “venires”  por América Latina: No exponer  en público  mis opiniones personales sobre la política latinoamericana. Naturalmente hay cosas que me gustan más y otras que me gustan menos, con las que estoy y con las que no estoy de acuerdo.  Hasta el momento las he expuesto en privado y los amigos han sido víctimas de algún arrebato pasional sobre determinadas situaciones. Pero Venezuela  país al que quiero con toda mi alma, que fue mi tierra durante cuatro intensos años, del 90 al 94, consigue que me grite  por dentro este silencio y necesito decir públicamente que no me parece justo lo que está haciendo el gobierno del actual Presidente.  

Mi cargo en la embajada de España durante aquellos años fue  el de director del Centro Cultural, un espacio que nunca llegó a “terminar de ser”  por las disputas posteriores  entre el Presidente Aznar y el Presidente Chávez.  Mi responsabilidad era la de trabajar con la gente de la cultura. Compartí con un equipo  maravilloso al que debo mil abrazos de agradecimiento eterno. He seguido teniendo mucho contacto con Venezuela, he ido muchas veces después y me precio de tener muy buenos amigos allá. Cuento todo esto porque es importante dejar claro que por encima de todo quiero a este país. Quiero a su gente y me siento muy unido a los problemas que viven y que han vivido.

Efectivamente Venezuela tuvo una de las clases altas más detestables de toda América Latina. Efectivamente sus dos partidos políticos tanto AD como COPEI no eran un dechado de virtudes, y efectivamente resultaba incomprensible que uno de los países con más petróleo del mundo tuviera esos índices de pobreza conviviendo con esas desmesuras con las que se convivía. Era lógica la llegada de un personaje como el Presidente Chávez. Y fue palpable durante los últimos años  que su permanencia en el poder más que por méritos propios era por la incapacidad de la oposición de plantear una alternativa seria y coherente, que convenciera a los venezolanos.

No puedo dejar de señalar que al llegar el Presidente Chávez al poder yo me sentí ilusionado, lo mismo que no puedo dejar de señalar que la desilusión no tardó mucho en aparecer. Pero siempre le reconocí la legalidad y el carisma con el que intentó gobernar ese país. Seguro que tuvo aciertos,  seguro que tuvo fallos, pero nadie podrá decir que fue un presidente ilegal, inconstitucional o que no respetará la legislación vigente, claro que él mismo conseguía que hubiera cosas vigentes en poco tiempo, pero estaban vigentes.   A mi modesto entender esa forma de aplicar el socialismo es mucho más contraproducente que eficaz cuando se trata  de erradicar pobreza y de generar equidad, pero no es mi intención juzgar lo que se hizo.

Lo que sí creo que es realmente un error y un despropósito es lo que está haciendo en la actualidad el Presidente Maduro. Alguien decía: “nos preocupamos mucho por unos pocos muertos en Venezuela y poco por muchas más víctimas en Colombia”. No se trata de comparar. Un muerto ya merece toda una batería de respuestas y cartas a quien haga falta. No son mil, diez o un millón, es el irrespeto a la vida, a la libertad necesaria para  salir a la calle con la tranquilidad con la que todos tenemos el derecho de salir a la calle. El irrespeto a la libertad de expresión. El irrespeto a las formas de protesta legítimas y legales. La cobardía de ampararse en exacerbar los odios de los unos contra los otros. La cobardía de armar a la población civil porque le tememos a la fidelidad de un ejército dividido, o si no por qué se arma a la gente de la calle. Es en definitiva la total inconformidad con la estructura defensiva que ha adoptado un gobierno que se sabe incapaz de hacer las cosas de otra forma.

Las cifras de la economía hablan por si solas; siempre las cifras hablan de lo que le va mal a los que tienen y muy pocas veces hablan de lo que les comienza a ir bien a los que no han tenido nunca. Pero en este caso las cifras hablan de que a nadie le va bien.

Absolutamente indiscutible que el dinero en Venezuela ha estado muy, pero que muy mal repartido, pero la pregunta es ¿ahora lo está mejor? Me parece que respuestas tan “atípicas” como las del director de Le Monde Diplomatique afirmando que no hay papel higiénico porque ahora hay más gente  que lo compra y por eso se produce el desabastecimiento:

El papel higiénico escasea porque la gente lo consume mucho; antes la gente lo consumía menos. Entonces es un país que efectivamente es importador, pero ese es el resultado de que la gente consume mucho más.

hacen un muy flaco favor a la credibilidad de un régimen como el actual. Cualquier Estado que se precie debe saber crecer al ritmo que le piden sus ciudadanos, no al que ellos quieren marcar. Entonces ¿falta el papel periódico  porque la gente los lee más? Señores para defender una política en la que la gente no encuentra comida en los supermercados y no encuentra agujas en los hospitales, y sólo encuentra muertos en las calles, (24.000 en un año) hay que argumentar con solidez, porque si no están justificando que la defensa de las derrotas disfrazadas de victorias  se realice con armas y no con ideas.

No se me ocurre poner en duda la legitimidad del gobierno democrático del presidente Maduro, no se me ocurre poner en duda la debilidad de una oposición que no termina de encontrar las alianzas y los esquemas necesarios para ser una alternativa creíble de poder. Pero sí pongo en duda los “éxitos” de la revolución y sobre todo los métodos para demostrar esos logros. Sí pongo en duda la medida de armar a los ciudadanos para defender una revolución pretendidamente democrática, y digo pretendidamente, porque ¿en democracia se defienden las ideas con armas o con diálogos? Sí pongo en duda la mejora en la  calidad de vida de TODOS los venezolanos. Sí pongo en duda que se haya logrado el sueño de toda la izquierda latinoamericana, construir un país más equitativo, justo y participativo. Sí pongo en duda que el machaque a los medios de comunicación sea una medida democrática; aunque muchos medios pertenezcan a “los otros” tienen todo el derecho a seguir existiendo.

Es cierto que la acumulación de capital, la inequidad y la horrible distribución de la riqueza ha sido y es el mal endémico del mundo, y especialmente de esta parte del mundo, pero a tiros no se arregla nada y la mejor forma de evitarlos es evitar las armas. Dialogar y construir entre todos.

Me consta que gran parte de la oposición venezolana está dispuesta a ello. Sólo falta saber si gran parte del gobierno también lo está.

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2 febrero 2014 7 02 /02 /febrero /2014 16:39

 

A mi querido Pepo, en cuyos predios nació este artículo. Gracias por la hospitalidad y las risas. 

Llevo un tiempo preguntándome que significa ser de izquierdas en esto de la cultura. Adoro la ópera, me fascina el teatro con grandes montajes en escenarios engalanados hasta la pedantería, amo el cine de Spielberg, no me desagrada nada Wagner y para colmo de males de vez en cuando me pego un hamburguesazo con combo de papas y coca cola incluida. Escribo esto mientras suena un maravilloso disco de canto gregoriano y he pasado por todas las iglesias que estaban en mi camino, quiero decir  edificaciones eclesiásticas, podían ser sinagogas, mezquitas, iglesias católicas, o pagodas. Me atrae el arte sacro, sea el sacro  que sea incluso el sacro iliaco. Con estos antecedentes me preocupaba si no estaría palpitando dentro de mi un facha encubierto, que dejaba al niño progre salir de vez en cuando pero que en el fondo preservaba su naturaleza conservadora y consumista. Porque además eso me encanta consumir cultura, me bajo películas y las veo en la pantalla grande, me bajo libros y los leo en la pantalla chica, la de la Tablet, donde también veo películas chicas, series digo, me bajo música. Bueno si sigo así creo que nadie va a querer saber que significa  ser de izquierdas en esto de la cultura, sino cómo hago para bajarme tantas cosas.  Busco pagarlas, de verdad que busco pagarlas, o al menos que estén libres de derechos, aunque no comparto nada como se gestiona el tema de los derechos de autor en la red hoy en día, pero este es otro tema, o el mismo, pero para hablarlo en otro momento.

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Cuando tanto y tanto se habla de lo que significa hoy ser de izquierdas   me preguntaba ¿y ser de izquierdas en lo que  trabajo, en lo que  hago, en aquello de lo que  sé un poco más que de lo demás? Hay muchas izquierdas y una sola derecha, eso se ha dicho mucho, por eso Gramsci dijo que la izquierda había perdido la batalla cultural con la derecha. Esa batalla cultural que genera clima de opinión, esos conceptos del mundo que son absorbidos acríticamente y se incorporan en la cotidianeidad sin pensar  que pueden ser de otra forma. Como lo entendió  Rousseau “quienes controlan las opiniones de un pueblo, controlan sus acciones”. Hemos sacralizado la obra de tal manera que casi la hemos desposeído de su significado.

Somos renuentes al estudio de las abstracciones, consideramos que pensar es una pérdida de tiempo y que ya está bien de discutir sobre el sexo de los ángeles. Siempre me ha parecido que debatir, dialogar, discutir, era una de las claves de la evolución y si era del sexo de los ángeles como si lo hacíamos sobre la ética en la política, temas que de entrada ya sabemos que nacen muertos. Pero  estimulan el ingenio y la agudeza que son las necesidades más acuciantes del cerebro humano. Mi gran oposición a la reforma de Bolonia siempre apuntó por este lado, las universidades apartaban de sus atribuciones la de enseñar a pensar a los estudiantes y sólo les enseñaban a ser profesionales eficaces y eficientes. Es decir “esclavos” preparados, pero sin mentalidad crítica sobre lo que realizaban.

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Mi idolatrado Zygmunt Bauman en un brillante artículo titulado “Es necesaria una nueva Batalla Cultural”  afirma que la desgracia de la socialdemocracia actual es que no hay una visión alterna­tiva, una «utopía». Creo que va por ahí la cosa, cambiar las formas de estar en sociedad, es una misión de la cultura, es una estructura cultural, es una mirada que debe nacer en la cultura, en la generación de contenidos, en la respuesta crítica y reflexiva sobre la forma en que hoy se organiza el acumulado de saberes. Hemos llegado a un estado en que la acumulación cultural es similar al resto de las acumulaciones que presenta el capitalismo. Queremos acceder a los  bienes y servicios culturales para disfrutarlos en nuestros soportes, ojalá sin tener tiempo de asimilarlos, solo devorarlos, sin masticar. Tragar. Engullir.

Creo que la batalla cultural de la izquierda en estos momentos debe comenzar por tener tiempo para pensar no sólo en como oponerse a lo que hay, no solo en rechazar lo que ya sabemos que no queremos, sino en qué ofertamos, en cómo lo pensamos, en qué reflexionamos, y aunque siempre se nos diga que eso es perder el tiempo -mientras ganan  dinero-, hemos de tener una alternativa construida de forma sólida y creíble. La cultura de los ministerios se ha quedado corta,  y la de la los medios de comunicación de masas se ha quedado excesivamente larga. Hoy lo que se ve en las múltiples pantallas de las que somos asiduos consumidores es una vida que sólo transcurre  en los múltiples centros comerciales que son nuestro principal lugar de encuentro.

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El derecho a entretenerse a divertirse, a pasarlo bien no debe estar peleado con el derecho a pensar cosas nuevas, diferentes, innovadoras, y atractivas. El izquierdismo aburrido con miedo a la risa es una trampa, es una mentira. La risa y la utopía van juntas. La ilusión y el cambio avanzan de forma imbricada  y eso hay que explorarlo.

Hay mucha gente en América Latina pensando y ejecutando este concepto de cultura desde la izquierda, pero creo que a la hora de implementar y de desarrollar esa nueva batalla cultural estamos escasos de fuerza y de formas de presionar para cambiar miradas y generar nuevos pensamientos. Quizá estemos faltos de fuerza porque estamos faltos de la necesaria “algarabía” para seducir y atraer nuevos modos de mirar cómo queremos crecer.

 

 

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10 enero 2014 5 10 /01 /enero /2014 13:11

La vuelta de las vacaciones me ha sorprendido con dos fotos parecidas, el rey(con minúsculas) de España   y la canciller(con minúsculas) de Alemania  con Muletas (con mayúsculas), acá tendría que preguntar a “fundeu” si he de usar la preposición “en” o “con”; no es menor la diferencia.

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Ambos son la imagen de dos modelos  de poder caduco y trasnochado, pero que siguen peleando  esa  ejecución que beneficia  a unos pocos sobre la miseria de otros muchos. Eso y no otra cosa han sido las monarquías durante siglos,   generando  esa horrible aristocracia que se pega como lapas a los reyes (con minúsculas). Eso y no otra cosa es el modelo de capitalismo conservador que ejerce Alemania sobre el resto de Europa y que disfraza sus desmanes con la corrupción de los políticos que estimulan sus empresarios, porque no hay corruptos si no hay corruptores.  

En América Latina el poder también ha trastabillado en muchos lugares y la gente también está harta de muchas cosas, mostrando su desapego institucional con unos porcentajes cada vez menores de participación en algunos lugares, o con marchas y protestas continuadas en otros. La corrupción también se ha asentado en la política y ha venido apoyada por los corruptores, que ganan licitaciones y luego meten sobre precios como si eso fuera lo más normal del mundo.

El caso es que mientras el poder trastabilla y se hace añicos por esa incompetencia de quienes lo ostentan y también por esa “caducidad” de las legislaciones que los amparan, nuestro sector, el de la cultura, lleva tiempo trastabillando y a nosotros parece importarnos un bledo. El nuevo director del museo del Louvre, decía: “ Aquí creemos de verdad que la enseñanza de la literatura, de la lectura, de las artes, de la música… son indispensables para un ciudadano. Cuando se es francés se lleva eso en los genes”. “Sospecho que nuestro modelo no podría reproducirse en España”. Y añadía que podía sonar prepotente esa afirmación, pero por desgracia no es prepotente, es terriblemente cierta.

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Parece  no importar que los niños no aprendan a soñar, a imaginar,  a dibujar mundos posibles a través de la cultura. Porque como señala magistralmente Millas “Por eso deberíamos ser más cuidadosos al elegir las palabras con las que nombramos las cosas. Ir al cine, escuchar a Beethoven, leer a Dostoievski o visitar el Museo del Prado no son formas de consumo. Son formas de vida. Así que, en vez de señalar en los periódicos, un día sí y otro también, que este Gobierno recorta las ayudas económicas al cine, al teatro, a la educación, etcétera, deberíamos denunciar que recorta las formas de vida actualmente existentes”.

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Recortar las formas de vida es  no tener políticas culturales que se inserten en el modo de ser de los ciudadanos, que los ayuden a crear con imaginación y sin miedo.

El poder cultural tiene que saber que debe insertarse en este necesario mundo de las reformas imprescindibles  para mejorar el modo de estar y el de ser en un espacio más habitable por todos.

Vivir la cultura debe estar en los nuevos modos de habitar el poder. Entender que el poder ya no se ejerce desde los palacios, que no se debe seguir dictando desde los bancos, sino que ha de estar con la gente; que debe  entender las formas de ser de la gente. No la cultura del poder, sino el poder a través de la cultura, a través de las formas de participación, de ocupar el espacio público. De estar alimentando de verdad la democracia con la participación real.

Son muchas las cosas que pertenecen al terreno de las políticas culturales y que debemos repensar para ser  más útiles a la ciudadanía. Para seguir pensando que somos parte esencial de la sociedad. Para crecer con mayor capacidad de incidir en un mejor modo de estar juntos. La legislación sobre  el derecho de autor. El trabajo  en serio por una educación que dialogue con la cultura, con la creación, con el arte, con la tecnología, con la manera de estar en el mundo que tiene la gente de hoy.La presencia de lo público, de lo que es de todos, en los espacios de todos, esos espacios que construimos entre todos, los espacios de la convivencia.  Los modos de acceso, sin que la gratuidad sea el único recurso para asistir a espacios de creación, pero facilitando que todos puedan acceder de diferentes formas y maneras. El mundo de las artes plásticas, para poder vivirlas con más cercanía, con más proximidad, a veces su enclaustramiento en galerías, museos, y espacios confinados a las elites nos espanta y nos asusta.

Fantasma


Hay que volver a pensar como sumamos patrimonios que incorporen  lo cotidiano.Aprender a dialogar con las nuevas tecnologías, y con los nuevos mercados para saber cómo se consume y por dónde se consume hoy la cultura.Entender lo que significa consumir cuando se habla de cultura, lo que quiere decir la palabra “públicos”. Lo que pretendemos cuando mencionamos con tanta facilidad este ambiguo concepto de "formación de públicos".

Hay que repensar los ministerios como espacios de legislación y pensamiento;  ya no tanto de ejecución y financiación. En definitiva hay que repensar el poder con el que se maneja la cultura, que ya trastabilla.

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Todos estos temas y otros muchos son muy polémicos, pero hemos de abórdalos, porque el poder de la cultura también trastabilla, no podemos seguir con el modelo del siglo XIX en un espacio cultural que quiere alcanzar el XXI, necesitamos caminar sin muletas, y soltarlas sin miedo a equivocarnos, a debatir, a repensar cómo se hace mejor, y eso  en este caso (el del poder) significa hacerlo entre todos, hacerlo más participativo y menos elitista. Desvestirnos del  poder  que aleja y vestirnos de la proximidad necesaria para entender el mundo en el que estamos creciendo.  

 

 

 

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/05/actualidad/1388942645_226951.html

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/12/25/actualidad/1387989932_163299.html

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3 diciembre 2013 2 03 /12 /diciembre /2013 23:24

Comencé a  escribir este blog en el  remodelado aeropuerto de Bogotá, El Dorado, que ha quedado francamente bien, uno se siente cómodo,  wi-fi libre ejemplo a seguir,   por ahora no hay aglomeraciones, aunque al ritmo de crecimiento de esta ciudad posiblemente se quede pequeño en breve.   

el dorado

Pensaba en  los congresos de cultura, nacidos a la luz de  un cierto  espíritu virreinal del ministerio de cultura español y que en el señor Cesar Antonio Molina, quien también creó los congresos de la lengua cuando dirigía  el Instituto Cervantes, a veces era especialmente notorio. Los procesos de creación de un "Espacio Cultural Iberoamericano" se hacen sin la equidad imprescindible entre las  partes  americana  e ibérica. El concepto “iberoamericano” no se ha incorporado en América Latina, sería un detalle que España aprendiera a incluirse en América Latina, en lugar de querer incluir a toda América Latina en la península.

Resulta imposible no  comenzar por el tema que inundó el congreso, la seguridad ante la visita del Príncipe de Asturias. Fue un espectáculo del peor gusto, de la peor catadura, y con las peores formas (completamente ajeno a los organizadores).  Algo que se adueñó de los pasillos, que como todo el mundo sabe es el espacio que marca el éxito o el fracaso de un congreso, sea de la índole que sea. El único tema de conversación fue lo desagradable de tener que sufrir esas injustificadas “vejaciones” y utilizo el termino con pleno conocimiento de causa, o si no que le pregunten a un gran amigo y colega de profesión al que se llevaron a revisar a un cuartito cerrado y al que además una vez revisado le dijeron esa amenazadora frase de: “ya desde ayer te venimos observando”.  Todo un derroche de mala educación ante los amigos latinoamericanos, que  tuvo su fase más esperpéntica un par de días más tarde  mostrando  la incapacidad de conseguir que el “Príncipe asegurado” volara  a Brasil. La Marca España, señor Margallo va haciendo barrena por donde pasa.

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El segundo punto que me llamó  poderosamente la atención de este congreso fue la utilización del tiempo, una campana  avisaba a gritos que se acercaba  el final de la presentación, y una música estruendosa  no  dejaba seguir cuando tu tiempo había finalizado. A eso se sumaba  un exceso de mesas y temas que impedian poder pensar con calma en un hilo conductor sobre ese futuro que se dibuja entre la cultura y la digitalización en América Latina, y en su relación con Europa sobre todo con la península ibérica. 

Sin duda la intención al incorporar esa  inmensa cantidad de temas era generar un abanico amplio de posibilidades y ofertas. Pero a mi modesto entender, esa buena intención se vio sobrepasada por la oferta que impedía profundizar en nada, algo que notamos desde la primera mesa, la de los ministros. Al menos yo fui incapaz de saber que se había dicho o que era lo que se quería decir. El mensaje político con el que se pretendía abrir el Congreso quedó ahogado entre campanas y músicas que silenciaron la posibilidad de entender el objetivo que se buscaba con el encuentro. 

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Esta bien regular el tiempo y proponer una oferta amplia, pero me choca que esa regulación temporal y esa amplitud en la oferta se haga  importando  métodos tan diferentes a los usuales de las culturas latinas, la diversidad es lo que tiene, que cada uno se expresa de unas formas que a veces no quieren imitar a otras, sino mostrarse en lo que son con sus fallos y sus torpezas, pero suyas.

No quiero dejar sin mencionar que las presentaciones internacionales me parecieron excelentes, pero creo que en América Latina hay cosas más sorprendentes, mejores y más útiles para la realidad que se vive en esta parte del mundo que lo expuesto por los compañeros de UK, USA u otros lugares del mundo. Nuestras experiencias fueron premiadas, pero no fueron contadas, porque 3 minutos no es tiempo para contar nada de nada. Entre las charlas magistrales de la mañana que eran las que contaban con más tiempo sólo la presencia de Pablo Arrieta, la más aplaudida, fue muestra de lo que por acá se siente sobre el tema.

 

No es un buen balance el que me queda  tras el inmenso esfuerzo que sin duda realizaron los organizadores  del encuentro.  Lo digital ha  entrado con mucha fuerza y nos ha dejado a todos con los pelos alborotados, y creo que hemos dejado pasar una oportunidad de oro para buscar caminos conjuntos. Un camino para  entrar con mirada renovada en ese espacio que soñamos algunos, un espacio cultural conjunto y con fuerza para ser capaz de competir en igualdad de condiciones con otras culturas, que ya actúan en cooperación y con ideas fuertes y sólidas. 

 

Buena suerte a Costa Rica en la dificil tarea de continuar esta labor que tras cinco intentos todavía debe pensarse con calma para perfilar mejor sus conquistas. 

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4 noviembre 2013 1 04 /11 /noviembre /2013 18:08

 

 

En “reflexiones en torno a la cooperación cultural”, decía que la primera de las cooperaciones que se deben establecer en el campo de la cultura es con la política. Acabo de leer un artículo maravilloso de Bauman en el que afirma: “El poder es la capacidad de hacer las cosas y la Política la capacidad de decidir cómo deben hacerse las cosas” . Para el autor  es evidente que la política tiene cada vez menos poder y quien se va adueñando de ella, ya lo hemos dicho en múltiples ocasiones,  es la economía. Esa economía sucia y trapichera que se hace desde los mostradores de los bancos a costa de los que  hemos de ingresar nuestros fondos en ellos sin otro recurso que plegarnos a sus condiciones, que nunca son dictadas por la política, sino por unos banqueros que dan la imagen perfecta del personaje despreciable de las novelas de Dickens.

dickens

La cultura en esa imprescindible cooperación con la política debe aumentar su  capacidad de proponer acciones concretas y a ser posible empezando  por lo que son  nuestras señas de identidad.

Nuestras señas de identidad,  aquello para lo que nos constituimos en sector organizado y con capacidad de actuación conjunta, aquello por lo que defendemos  tener instituciones políticas propias  como los ministerios o los sistemas de gobernanza locales, y que  son entre otras: El estímulo y el fortalecimiento de la creatividad, en primer lugar y por encima de todo defender la capacidad creativa del ser humano como capacidad creadora de nuevos modelos de crecimiento. La defensa de la identidad, sin que esto se convierta en  arma arrojadiza, (se suele confundir con la reivindicación de un patrimonio chauvinista y territorial, además de clasista y de claro corte oligarca). La inclusión de la diversidad, entendiendo ésta como la incorporación de las diferencias en los procesos de desarrollo y de  crecimiento social compartido. La participación social, mostrando y enseñando las manifestaciones artísticas de todos los grupos que componen el espacio sobre el que estamos actuando, trabajando por la apropiación del espacio público, activando la presencia colectiva en los espacios ciudadanos, etc. La transversalidad de la mirada cultural en otras esferas, como es la economía, la educación, la ciencia, o la salud. Estas señas   como algunos de los ejes principales de la actuación de las políticas del ramo.

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Las políticas culturales hasta la fecha han ido dando cuenta de estos campos de trabajo, pero de forma encubierta y sin explicar claramente cuáles son las intenciones que van detrás de cada uno de ellos.  ¿Por qué el primer ministerio que destrozaron a su llegada Aznar y Rajoy fue el de cultura y luego despotrican  emborricados contra la aparición de identidades divergentes?  ¿por qué en Francia se tilda a Amazon de plaga social y no se hace nada por construir una plataforma que le haga competencia desde esa Europa que no tiene identidad cultural, al menos en las plataformas de venta? ¿Por qué en los grandes museos del mundo parece que  la historia del arte es la historia de lo que sucedió en los palacios y en las iglesias? En definitiva, cuál es la causa por la que la cultura ha jugado a ser poder y no ejercerlo durante tanto tiempo. Hasta la fecha ha querido la capacidad de hacer las cosas, pero nunca ha querido tomar partido sobre  cómo se debían hacer. Ha llegado el momento de tomar partido (hasta mancharse) por la recuperación de la presencia de una mirada cultural en la  política, y no hablo de los artistas sólo, hablo de los que nos dedicamos a la cultura como sector.

La cultura es una fuerza de construcción social  y debe apostar por un modelo. Los que trabajamos en la cultura hemos de optar por un modelo de construcción social. Por una forma de ejercer el poder. Modelo en el que sin duda no vamos a estar todos de acuerdo, pero eso es lo bueno, la capacidad de disenso como modelo, como estructura de incorporación de las diferencias. Si sólo seguimos reivindicando nuestras subvenciones y ayudas, el pedacito de capital que nos corresponde de una torta inmensa … lo más seguro es que nos lo den y nos vuelvan a callar para siempre.

Si por decirlo nos quitan parte de esas ayudas, como sucedió con el  no a la guerra y la desaparición de  muchos millones de euros para hacer cine,  hemos de gritar mucho más fuerte que seguimos orgullosos de oponernos a la guerra, en cualquiera de sus manifestaciones.

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En España el mundo de la cultura se comienza a organizar en torno a varias demandas propias, ojalá que además sepan mirar las demandas nacionales que sin ser estrictamente culturales afectan a la vida cultural de las personas. Los recortes,  sin que nadie sepa que pasa con tanto y tanto dinero “secuestrado” a lo público, afectan una forma de entender el presente y el futuro de un país que no acepta que la privatización sea la forma de vida en común.

Es hora de que los autores y creadores opinen sobre cómo legislar el derecho de autor, y cómo cobrarlo, que dejen de ser las empresas y los gobiernos neoconservadores los que dictan catedra. Es hora de abrir el patrimonio a los inmensos colectivos cuyas  historias  nunca estuvieron incluidas. Es hora de reivindicar la creatividad en las escuelas y en la vida educativa. Es hora de recuperar el sentido del espacio público como espacio de participación y encuentro. Todo eso se debe hacer desde la cultura. Es hora de que la política y los políticos entiendan y lo hagan gracias a nuestros aportes,  que la mirada humana y social que se necesita,  está y siempre lo ha estado en lo que es más humano de todo, el lenguaje simbólico y creativo que nos ayuda a entendernos a partir de lo que somos, de lo que queremos ser y de lo que soñamos conseguir.

Necesitamos entrar en la política y no sólo para reivindicar ayudas, sino para cambiar miradas en  quienes han recibido el encargo social de poner un mundo nuevo a funcionar. Si no lo hacemos seguirá pasando lo que pasa ahora, que lo construyen ellos… y no puede seguir  ganando terreno la frase de “que inventen ellos” porque ya sabemos lo que inventan cada vez que los dejamos.

 

 

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8 octubre 2013 2 08 /10 /octubre /2013 23:11

Parece de Perogrullo, pero resulta que la identidad existe. Los enfrentamientos por la identidad existen, la exaltación de la identidad existe. Cuando quieres enfadar a alguien no tienes más que negarle una identidad de la que se cree parte, los niños se llaman “nenaza” (no sabría decir lo que se llaman las niñas, desventajas de no haber ido a un colegio mixto) , los  adultos se llaman miles de cosas ofensivas  que  resultan ser ataques a la identidad. Ya sea  destrozando la que crees tener, o bien recordándote la que no tienes. Desde un “eres un idiota”, hasta “tu madre es una puta”, lo que  ofende es que pongan en duda mi identidad.  Que se cuestione quién soy y cómo me veo.

Se han escrito ríos de tinta sobre los procesos de construcción de la identidad,   yo reseñaría  dos libros el magnífico compendio que editó CONACULTA  de Gilberto Giménez titulado “Estudio sobre la Cultura y las Identidades Sociales” y el imprescindible volumen II de “La era de la Información”  de Manuel Castells: “El poder de la identidad”. Ambos dejan muy claro que la identidad es uno de los motores más poderosos de construcción. Castells dice: “la Identidad es la fuente de sentido y experiencia para la gente”  y añade:” Defino sentido como la identificación simbólica que realiza un actor social del objetivo de su acción” (Castells 1999).

Este  “imprescindible” sentimiento humano tiene un gran asiento en el territorio. Uno se siente de un lugar, muy poca gente es de verdad ciudadano del mundo y pelea por el mundo. Lo normal es ir por escalas, la familia, los amigos, el colectivo cercano,( equipo de fútbol por ejemplo)  y el espacio que nos vio crecer, el lugar del que nos sentimos  (sea este sentirnos por la razón que sea). A partir de ahí vamos abriendo círculos hasta que terminamos con esa hermosa utopía de yo soy de donde vivo, queriendo dar a entender que nos sentimos de donde estamos y no de donde venimos… pero insisto creo que eso es más bien utópico.

Sin duda uno de los constructores más importante de esa identidad es la cultura. Desde la lengua materna, hasta los colores de las casas que nos rodean son particulares en cada espacio,  capaces de generar sentido de pertenencia. Pero resulta que hemos creído siempre que la cultura estaba por debajo de la economía (bueno no sé si siempre, ahora por lo menos sí) , es decir que si le dábamos a  la gente una casa, una comida y un trabajo esa gente se terminaba sintiendo de ese lugar y eso no es tan cierto. La identidad catalana, por ejemplo, o la de  los pueblos indígenas, por ejemplo, o la de  los afrodescendientes, por ejemplo o de todos aquellos que se han sentido excluidos de un proyecto central o fundacional, se podría integrar  dando trabajo, dando dinero, o dando comidas, y eso por desgracia no es tan así.

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El mínimo para la supervivencia es el trabajo, la comida, el dinero, y el derecho a ser quien uno quiera ser, como uno quiera ser y sentirse parte de lo que se quiera sentir parte. Para sentirse parte de algo se debe sentir integrado en ese algo, claro que también juegan los egoísmo y las ambiciones personales para no querernos sentir parte, pero la mayoría  de las veces lo que juega es el sentirse excluido. El sentirse ridiculizado por hablar diferente, vestir diferente, pensar diferente.  La diferencia es fuente de exclusión, porque las identidades tienden a organizarse en torno a situaciones homogéneas, y... ¡si no eres de este grupo o haces lo que hace el grupo o te vas!.

Las identidades dominantes siempre han querido que todos sus miembros participaran de los dogmas fundamentales de su construcción, así ha sido hasta ahora. Parece que así no va a seguir siendo, porque si las identidades dominantes quieren seguir imponiendo a la fuerza esos dogmas la gente se les va a escapar por las mil rendijas que hoy nos brinda el nuevo modo de entender el mundo.

Tan falso es querer construir una identidad dominante para los catalanes, como construir una identidad dominante española en la cual quiéranlo o no se han de integrar los catalanes, o una identidad colombiana para los wuayus, o una identidad brasileña para los afros. Si al final lo que hacemos es repetir esquemas lo que va a suceder es que más pronto que tarde se van a volver a repetir los problemas, idénticos, y en breve los Barceloneses querrán separarse del resto de los catalanes y los madrileños del resto de los españoles y los wuayu del resto de los colombianos y los afro (que reivindicaran territorios especiales y lugares de africanidad)  del resto de los brasileños. Llegaremos a finales del siglo XXI al mundo de las ciudades, y no  de las naciones. De las razas y no de los mestizajes.

Cuando eso suceda alguien dirá ... "y todo empezó por la cultura".

¿No podrá empezar la cultura a plantear procesos de convivencia, en lugar de exclusión y diferencia? Tal vez si empezáramos por leer la historia (patrimonio cultural) de otra forma;  o si fuéramos capaces de entender que las lenguas no son espacios de separación sino de construcción de pensamientos que se necesitan para elaborar   el mundo desde sus distintos sentidos, es decir desde los diferentes objetivos de las acciones. Si aprendiéramos a ver la pintura de los otros  tan excepcional como la de los nuestros, la literatura que no entendemos tuviera el mismo valor que la que sabemos valorar. En fin si las manifestaciones de la cultura aprendieran a ser de todos y de nadie, a lo mejor las identidades comenzaban a ser espacios de encuentro y no de eternas peleas como viene sucediendo desde que se escribe historia.

Tal vez esto que está sucediendo en las redes pueda cambiar esa manera de ver la cultura como campo de conflictos y nos deje verla como campo de construcciones, de creatividades, de innovaciones compartidas y disfrutadas por todos. Si eso fuera así importaría muy poco el modo de legislarse de cada uno para conseguir trabajo,  comida y dinero. Eso sólo es posible si hacer políticas culturales  pasa a ser algo más que hacer leyes para reglamentar las artes y sus pompas. Hacer políticas culturales tiene que servir para poder entender el futuro que se viene, y ese futuro está repleto de identidades conflicto, que deben saber cómo vivir juntas en el siglo XXI.

 

 

 

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