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7 marzo 2014 5 07 /03 /marzo /2014 02:26

Ha llegado el momento de romper una máxima  mantenida durante mis ya más de 30 años de   “ires” y “venires”  por América Latina: No exponer  en público  mis opiniones personales sobre la política latinoamericana. Naturalmente hay cosas que me gustan más y otras que me gustan menos, con las que estoy y con las que no estoy de acuerdo.  Hasta el momento las he expuesto en privado y los amigos han sido víctimas de algún arrebato pasional sobre determinadas situaciones. Pero Venezuela  país al que quiero con toda mi alma, que fue mi tierra durante cuatro intensos años, del 90 al 94, consigue que me grite  por dentro este silencio y necesito decir públicamente que no me parece justo lo que está haciendo el gobierno del actual Presidente.  

Mi cargo en la embajada de España durante aquellos años fue  el de director del Centro Cultural, un espacio que nunca llegó a “terminar de ser”  por las disputas posteriores  entre el Presidente Aznar y el Presidente Chávez.  Mi responsabilidad era la de trabajar con la gente de la cultura. Compartí con un equipo  maravilloso al que debo mil abrazos de agradecimiento eterno. He seguido teniendo mucho contacto con Venezuela, he ido muchas veces después y me precio de tener muy buenos amigos allá. Cuento todo esto porque es importante dejar claro que por encima de todo quiero a este país. Quiero a su gente y me siento muy unido a los problemas que viven y que han vivido.

Efectivamente Venezuela tuvo una de las clases altas más detestables de toda América Latina. Efectivamente sus dos partidos políticos tanto AD como COPEI no eran un dechado de virtudes, y efectivamente resultaba incomprensible que uno de los países con más petróleo del mundo tuviera esos índices de pobreza conviviendo con esas desmesuras con las que se convivía. Era lógica la llegada de un personaje como el Presidente Chávez. Y fue palpable durante los últimos años  que su permanencia en el poder más que por méritos propios era por la incapacidad de la oposición de plantear una alternativa seria y coherente, que convenciera a los venezolanos.

No puedo dejar de señalar que al llegar el Presidente Chávez al poder yo me sentí ilusionado, lo mismo que no puedo dejar de señalar que la desilusión no tardó mucho en aparecer. Pero siempre le reconocí la legalidad y el carisma con el que intentó gobernar ese país. Seguro que tuvo aciertos,  seguro que tuvo fallos, pero nadie podrá decir que fue un presidente ilegal, inconstitucional o que no respetará la legislación vigente, claro que él mismo conseguía que hubiera cosas vigentes en poco tiempo, pero estaban vigentes.   A mi modesto entender esa forma de aplicar el socialismo es mucho más contraproducente que eficaz cuando se trata  de erradicar pobreza y de generar equidad, pero no es mi intención juzgar lo que se hizo.

Lo que sí creo que es realmente un error y un despropósito es lo que está haciendo en la actualidad el Presidente Maduro. Alguien decía: “nos preocupamos mucho por unos pocos muertos en Venezuela y poco por muchas más víctimas en Colombia”. No se trata de comparar. Un muerto ya merece toda una batería de respuestas y cartas a quien haga falta. No son mil, diez o un millón, es el irrespeto a la vida, a la libertad necesaria para  salir a la calle con la tranquilidad con la que todos tenemos el derecho de salir a la calle. El irrespeto a la libertad de expresión. El irrespeto a las formas de protesta legítimas y legales. La cobardía de ampararse en exacerbar los odios de los unos contra los otros. La cobardía de armar a la población civil porque le tememos a la fidelidad de un ejército dividido, o si no por qué se arma a la gente de la calle. Es en definitiva la total inconformidad con la estructura defensiva que ha adoptado un gobierno que se sabe incapaz de hacer las cosas de otra forma.

Las cifras de la economía hablan por si solas; siempre las cifras hablan de lo que le va mal a los que tienen y muy pocas veces hablan de lo que les comienza a ir bien a los que no han tenido nunca. Pero en este caso las cifras hablan de que a nadie le va bien.

Absolutamente indiscutible que el dinero en Venezuela ha estado muy, pero que muy mal repartido, pero la pregunta es ¿ahora lo está mejor? Me parece que respuestas tan “atípicas” como las del director de Le Monde Diplomatique afirmando que no hay papel higiénico porque ahora hay más gente  que lo compra y por eso se produce el desabastecimiento:

El papel higiénico escasea porque la gente lo consume mucho; antes la gente lo consumía menos. Entonces es un país que efectivamente es importador, pero ese es el resultado de que la gente consume mucho más.

hacen un muy flaco favor a la credibilidad de un régimen como el actual. Cualquier Estado que se precie debe saber crecer al ritmo que le piden sus ciudadanos, no al que ellos quieren marcar. Entonces ¿falta el papel periódico  porque la gente los lee más? Señores para defender una política en la que la gente no encuentra comida en los supermercados y no encuentra agujas en los hospitales, y sólo encuentra muertos en las calles, (24.000 en un año) hay que argumentar con solidez, porque si no están justificando que la defensa de las derrotas disfrazadas de victorias  se realice con armas y no con ideas.

No se me ocurre poner en duda la legitimidad del gobierno democrático del presidente Maduro, no se me ocurre poner en duda la debilidad de una oposición que no termina de encontrar las alianzas y los esquemas necesarios para ser una alternativa creíble de poder. Pero sí pongo en duda los “éxitos” de la revolución y sobre todo los métodos para demostrar esos logros. Sí pongo en duda la medida de armar a los ciudadanos para defender una revolución pretendidamente democrática, y digo pretendidamente, porque ¿en democracia se defienden las ideas con armas o con diálogos? Sí pongo en duda la mejora en la  calidad de vida de TODOS los venezolanos. Sí pongo en duda que se haya logrado el sueño de toda la izquierda latinoamericana, construir un país más equitativo, justo y participativo. Sí pongo en duda que el machaque a los medios de comunicación sea una medida democrática; aunque muchos medios pertenezcan a “los otros” tienen todo el derecho a seguir existiendo.

Es cierto que la acumulación de capital, la inequidad y la horrible distribución de la riqueza ha sido y es el mal endémico del mundo, y especialmente de esta parte del mundo, pero a tiros no se arregla nada y la mejor forma de evitarlos es evitar las armas. Dialogar y construir entre todos.

Me consta que gran parte de la oposición venezolana está dispuesta a ello. Sólo falta saber si gran parte del gobierno también lo está.

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Published by fvicario
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Comentarios

Beatriz Vasquez 03/10/2014 06:46

Sr. Fernando
Gracias por tomarse el tiempo para explicar la verdadera situación en Venezuela en los últimos años. Se ve que la conoce un poco.
La teoría puede ser muy bonita en los libros y en los discursos, como lo ven sus amigos que aquí escriben. Dígales que vengan a pasar aquí unos días, y no invitados por el gobierno, sino a vivir el
día a día en la calle como cualquiera, tratando de conseguir lo que necesitan para alimentarse, para vivir. Que visiten las farmacias, los hospitales y hasta las clínicas privadas a ver lo que
consiguen.
Mis respetos.

Luis Ben 03/07/2014 19:57

Gracias Fernando por tus palabras. He de ser sincero y confesar que me está siendo muy difícil de seguir lo que está ocurriendo en Venezuela. Desde este lado del océano no veo más que un barullo de
informaciones, contrainformaciones, medias verdades y medias mentiras, intereses espúreos y legítimos, voces interesadas y altruistas, ruido, mucho ruido, y en definitiva nada claro. Nunca me
gustaron las historias de buenos y malos y esta es una de esas situaciones en que de repente ves a todo el mundo alinearse sin duda con los buenos, los suyos, frente a los malos, los otros. América
Latina es muy así, lo sabes mejor que yo, y parece que Venezuela no va a ser una excepción, más bien va camino del paradigma. Mientras tanto, siguen cayendo los muertos y los heridos, continua la
gente corriente pasando fatiguitas que decimos en Cádiz. Lo dicho, amigo, gracias por tus palabras.

Rafael Morales Astola 03/07/2014 13:29

Querido Fernando: Creo que me pasa como a ti. Ser español y progresista nos exige ser cuidadosos en tratar los temas de conflicto en Latinoamérica, de manera que los comentarios no puedan ser
tachados de neocolonialismo, injerencia prepotente o atrevimiento de la ignorancia. Llevo dos semanas en facebook participando en una intensa conversación sobre Venezuela con amistades de Chile,
Argentina, Venezuela, Croacia (has leído bien) y España. Tras tantas y tantas palabras, llego a la conclusión de que la conferencia entre todos para pacificar la situación es la prioridad. Pero no
puedo quitarme de la cabeza cómo las oligarquías económicas y mediáticas, junto con la parte más reaccionaria del ejército de turno, y con el apoyo de organizaciones "independientes" o "de
inteligencia" de los EEUU, han destrozado históricamenre movimientos populares y democráticos de izquierda en América Latina, primero agitando las calles, luego comunicando la violencia en los
medios y finalmente ejecutando el golpe. Tampoco puedo quitarme de la cabeza que esas fuerzas reaccionarias llevan años sufriendo "en silencio" cómo se extienden por América Latina gobiernos
democráticos y populares (Brasil, Bolivia, Ecuador, Argentina, Venezuela) que, cada uno a su manera y con sus aciertos y desaciertos, le plantan cara al FMI, EEUU, UE y lo que venga. Venezuela ha
sido el que más lejos ha llegado y se ha puesto incluso a lanzar ideologías congregadoras: bolivarismo, quinta internacional, socialismo del siglo XXI... Te recomiendo un provocador libro de Gianni
Vattimo y Santiago Zabala: "Comunismo hermenéutico. De Heidegger a Marx", del cual acabo de realizar una presentación en la Universidad de Sevilla. Me atenaza la historia y la sospecha de que no
hay trigo limpio en todo lo que se da en las protestas. Dicho esto, lo primero que hay que hacer es condenar cualquier violencia venga de donde venga y poner los derechos humanos por encima de
cualquier consideración. Y, desde luego, es injustificable la muerte de personas, sean quienes sean y sea el número de muertes que sea. Hasta lo (poco) que sé Maduro ha instado a una conversación
con la oposición y Capriles ha dicho que no a esa conversación porque no quiere hacer de orquesta del Titanic... Por otra parte, hay datos económicos y sociales que son positivos en esta etapa
bolivariana que se han de tener en cuenta, pero que no voy a exponer aquí. No se trata ahora de justificar con datos a unos y a otros, sino de abordar con valentía la debilidad de ponerse al lado
del otro para conversar en busca del bien común, que hoy es parar la violencia. Un abrazo desde la Sierra de Huelva.

EDUARD MIRALLES 03/07/2014 12:58

Gracias por tu comentario, querido Fernando, sembradísimo más que de costumbre. Tu y yo nos conocimos en Caracas, en uno de aquellos primeros viajes de cooperación cultural, en este caso con Alfons
y con Xavier, a lo largo de la última semana de noviembre del año 1992. Combinábamos los contactos y la docencia con las largas noches en "El maní". Aquella semana acabó como el rosario de la
aurora durante la madrugada del viernes día 27, gracias a Chávez y sus muchachos. Recuerdo su estampa a través de la televisión que teníamos en la habitación el hotel Ávila, donde estuvimos
confinados varios días. Sus discursos me parecieron terribles, otro cuartelero más. Luego después vinieron las elecciones, su larga presidencia, y los izquierdosos habituales europeos, gracias a
Ignacio Ramonet y Le Monde Diplomatique, comenzamos a dudar de aquella primera impresión y a considerar que su proyecto quizás fuera positivo y realmente "revolucionario". Pero esto de ahora no
tiene nombre. Y es pecado de omisión por parte de los iberoamericanos culturalmente comprometidos no hablar más alto y más claro de lo que está sucediendo. Vaya también este comentario como muestra
de solidaridad con Diana López, hasta hace pocas semanas responsable de cultura de Chacao y hoy día co-presidenta de Interlocal, Red Iberoamericana de Ciudades para la Cultura cuyo hermano Leopoldo
está en la carcel por liderar la oposición al régimen. Concluyo constatando que aquellos momentos de tu vida caraqueña son como los cuentas. Y que en mi memoria personal tu y Chávez ocupáis el
mismo cajoncito...