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4 junio 2014 3 04 /06 /junio /2014 12:54

Con lo que cuenta   la gente que no ha leído el Quijote pero que dice haberlo hecho se podría escribir otro libro repleto de versiones imaginadas, reconstruidas, reinventadas,  elaboradas algunas con más acierto y  otras  con menos. Igual sucede con Romeo y Julieta u otros libros de igual trascendencia histórica y literaria.  Versiones imaginadas, reconstruidas a partir de lo que uno escucha o lee en los resúmenes de las contraportadas o las páginas de internet que ofrecen esa visión pensada para  trabajos escolares.

el-quijote.jpg

Tantas las cosas  que hablamos de oídas, que contamos como si supiéramos a ciencia cierta de lo que estamos hablando, que hemos construido más  mundos paralelos del conocimiento, que certezas y modos de ahondar en el saber.

Uno de los más grandes se ha elaborado en  la política. Especialmente en la política de los espacios de integración. La gente cuenta lo que es Europa de oídas, de lo que escuchan,  pero  saber lo que significa el proyecto, lo que construye Europa, no he escuchado a nadie  que  sepa de lo que habla.

Ha sido especialmente notorio en las elecciones del 25 de mayo en Europa,  nadie ha votado por Europa, lo han hecho  en clave local, con las frustraciones y los miedos de cada uno  de los países jugando a tapar otro tipo de desilusiones con la política, pero sin pensar nunca, ni electores ni candidatos,  en Europa. En un proyecto pensado para vivir juntos y hacer cosas compartidas.

UE.jpg

La verdad que Europa ha entrado en un declive tan espectacular en lo que significa su proyecto que entiendo perfectamente que nadie se trague el cuento de que estamos mejor dentro que fuera. Tras la debacle que ha significado este “estar dentro” para los países periféricos, comprendo que se vote con  el estómago, con las vísceras,  y que muy pocas veces se haga  con la necesaria cabeza para racionalizar lo que nos jugamos en cada caso. Quizás sea eso la democracia. Remover las vísceras de las personas hasta que sea su bilis la que impregne la marca de la papeleta de votación.


Lo Iberoamericano ahora no funciona nada de nada. Pero es que lo latinoamericano parece que tampoco. Lo americano dejó de funcionar desde hace un tiempo largo, y la OEA parece haber tirado la toalla de una posible integración, ni jurídica, ni política, ni mucho menos cultural.

OEA.gif

Cuando escuchas a los dirigentes de estos espacios, tienes la sensación de un Quijote imaginado. De un libro que no han leído y que reconstruyen a partir de lo escuchado. Las páginas de este libro están en la gente, en las historias de la calle, en los desahucios, en  la falta de circulación de personas, en el desconocimiento del vecino.

No vemos sus películas, no leemos sus libros, no escuchamos sus músicas, no hemos entendido que el alma de esos acuerdos de integración está ahí, en la gente, en lo que hacen cada día, en su cotidianeidad. Los hemos llevado a lugares en los que esa alma nunca entra y por ende a sus “narradores” no les queda otra que inventar un Quijote que Cervantes nunca escribió. Pero la historia sigue ahí en sus páginas, no en lo que se quieren inventar, sino en lo que se niegan a leer.

 

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Published by fvicario
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