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19 marzo 2011 6 19 /03 /marzo /2011 11:58

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De pequeño, en mi pueblo, la fiesta era  la matanza. La fecha en que se sacaban los cerdos más gorditos de la piara  y se les mataba para aprovechar  de ellos hasta los huesos que luego se utilizaban para hacer botones, o eso decía mi padre, aunque creo que nunca vi un botón de hueso de cerdo. No sé cuántos años estaban engordando al cerdo, pero el caso es que cuando llegaba al matadero del pueblo que todos usaban, estaba hecho una bestia. Los gritos se oían en muchos metros a la redonda  y cada dueño se llevaba después todas las piezas y la sangre, lo recuerdo entre lo real y lo que imagino. Pero la sensación era la de reparto del botín. Íbamos los hermanos, y cada uno de nosotros sacaba una parte de ese tesoro que luego terminaría siendo chorizo, salchichón, morcilla, jamón, chuletas, y hasta botones que nunca vi.

Lo que está sucediendo en la política actual me recuerda aquella época. Los engordamos para matarlos, ya lo hicimos con Sadan Hussein, ahora con Gadafi  y uno  que se nos ha escapado es Bin Laden. Quizá esto tenga algo que ver con  eso de  no comer cerdo  de los musulmanes. Prefieren el cordero, las causas religiosas me parecen fácilmente confundibles con las médicas, pero esto es para otro momento.   En Melilla asistí una vez a la fiesta del cordero, en este caso aunque  también disponen de mataderos públicos, vi como lo degollaban en una casa particular. Igual que con los cristianos de mi pueblo, después se hacen dulces y se invita a la comunidad a participar en una fiesta de confraternización.

Es evidente que Irak ya no los hemos repartido y cada uno ha salido con su pedacito de pan debajo del brazo. En este caso Dick Cheney , el empresario vicepresidente se llevó una buena tajada, pero como somos buenos chicos, en la fiesta con los dulcecitos de después no nos enfadamos ni le dijimos nada. Ahora parece que ya Gadafi nos ha tocado a todos las narices. La señal de salida ha sido decir que le pagó la campaña a Sarkozy, y... no vaya a ser que cuente más cosas. O quizá haya sido que se comparó con Franco,  porque eso de defender a la población civil… en fin, que no la ha empezado a tortura ahora, que el señor llevaba ya unos cuantos años machacando a todo el que se movía, y poniendo bombas en los aviones y plantando la Jaima en el Pardo, que el espíritu de Franco no le vino de gratis. Lo de la población civil …  que le vamos a hacer, me cuesta creérmelo.

En nuestra granja seguimos engordando a Arabia Saudita, a Yemen,  a Bahrein. Para luego en la matanza poder hacer una buena fiesta con muchos dulces para que los señoritos sigan manejando el cortijo sin despelucarse mucho y dejando ese sabor de boca maravilloso que es el conseguir que los trabajadores se sientan protegidos y amparados, que aunque ellos se lleven la mejor pieza para el jamón y saquen las mejores morcillas, a  nosotros nos caerá algo.

Yo en cambio con  todo esto no me puedo identificar mucho, me siento un poco más cordero. A mi me degüellan en mi propia casa. Sí en mi pasillo. El cuchillo que utilizan se llama hipoteca y la fiesta es parecida, con pastelitos, y beneficios a granel. Los dueños de esa brutal arma se comerán mi carne y se beberán mi sangre mientras siguen brindando y celebrando que este año que les fue mal solo sacaron 3.000 millones de euros de beneficios.

¿Cuántos corderos habremos caído para tener tal beneficio? 

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Published by fvicario
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Comentarios

emilio 03/22/2011 22:58


Tú artículo me parece muy bueno, pero dos pequeñas aclaraciones, la primera es que nuestro padre hablaba de "botillo", y no de botón. Y la otra es que los cerdo se mataban en las casas y no en el
matadero, cosa que actualmente se sigue haciendo.
Un abrazo.


PUCH 03/22/2011 18:05


Sin ánimo de acritud reconozco escribir este comentario sólo por dos razones, a saber:

1.- El escribiente es mi amigo

2.- Acaba de estrenar su blog y merece respuesta


Y además nos unen muchas cosas, muchos años, Itaca,......y EL INTERMEDIO

Yo tb te quiero