Cultura, política, cooperación, América Latina, libros,otras muchas cosas
Mi muy querido amigo Germán Rey me recordaba siguiendo a Ignacio de Loyola el consejo de no hacer mudanzas en tiempos de tribulación. Es indudable que estamos en tiempos de tribulación, tribulación.(Del lat. tribulatĭo, -ōnis).1. f. Congoja, pena, tormento o aflicción moral.2. f. Persecución o adversidad que padece el hombre. No es menos innegable que yo voy a comenzar algo que podría ser entendido como una mudanza. Como a Germán le hago mucho caso, y el señor Ignacio de Loyola me parece muy acertado en algunas de sus afirmaciones, no puedo evitar confesar que he sido un mar de dudas durante todo este tiempo hasta tomar la decisión definitiva que me dispongo a compartir desde este post.
Me voy a Colombia.
Primero me propuse intentar negar: No es tiempo de tribulaciones, me dije es sencillamente un mal momento de modificaciones, no tienen que ser tribulaciones necesariamente… y me di a mi mismo todo tipo de argumentos para convencerme de que los cambios no han de ser traumáticos, pero cuando miraba a mi alrededor me daba cuenta de que me podría inventar lo que quisiera, pero lo que sucede en mi y a mi alrededor es una tribulación. La gente y yo con ellos tiene congoja, aflicción moral, nos sentimos mal y nada de lo que trataba de construir como discurso positivo me servía para apartar esa palabra, tan real como cruel, tribulación. En segundo lugar la decisión de cambio también intenté esconderla detrás de cosas como: En realidad es volver a casa, yo allí me encuentro mejor que aquí, es mi gente, no mudo, regreso, etc. Pero cuanto más me argumentaba el traslado, más me daba cuenta de que efectivamente lo que yo iba a comenzar era una mudanza y no sólo de espacio físico, sino de otros muchos espacios.

España como país y Europa como referente están mal, muy mal, los valores que han sustentado los procesos de crecimiento se han abandonado en aras de la supremacía de un capitalismo feroz en el que se pagan intereses a quienes hace usura mientras se desprotege a quienes hacen sociedad.
Pero no quiero depositar la necesidad de mudanza en el deterioro externo, sería muy fácil para mí culpar al exterior y proteger así el interior. Lo que motiva este cambio es mi situación interna. Los conceptos y las teorías en las que había creído durante tiempo se desmoronan una tras otra. Nada parece tener sustento y nada parece haber sido útil para ese cambio y transformación que todos buscábamos en la sociedad actual. Años persiguiendo la equidad, y la justicia como cimientos de construcción social y resulta que los votantes apoyan justo lo contrario, no sólo en España, en Grecia, en Holanda, en Alemania, en Portugal, en Reino Unido. La derecha más liberal se empeña en rechazar lo público, y yo creo que la gente tiene que defender que lo público, lo que se comparte, aquello que nos da igualdad de oportunidades, creo que es lo que de verdad construye sociedades.

Comenzando por la cultura, que ha sido mi caballo de batalla durante tantos años, siguiendo por la cooperación, que me ha servido para ser mejor profesional y mejor persona. Continuando por la presencia del otro en igualdad de condiciones, que me ha enriquecido hasta la emoción y la felicidad en tantas y tantas ocasiones. Pues todo eso parece que no tiene valor y yo necesito recargar las pilas, porque sigo pensando que lo tiene. Sigo creyendo que sin eso es imprescindible avanzar, crecer, modificar actitudes y erradicar violencias excluyentes.
Colombia ha sido siempre un país que me ha cargado las pilas, me ha puesto a pensar, y me ha ayudado a crecer, y por eso necesito volver a “la escuela” mirar, observar, aprender y reflexionar en que punto fue que me deslice hacia ese lado oscuro que no aporta y que no construye.
América Latina en general me ha regalado siempre esa manera de entenderla vida, pero la generosidad colombiana me permite además encontrar espacios de sustento y pervivencia, lo que es importante, muy importante como diría aquel guía del canal de Panamá.
Por esto y en medio de esta tribulación comienzo una mudanza, de la que iré hablando en este blog, que sobre todo espero que me sirva para recolocar y reposicionar modelos de trabajo, conexiones y contactos que me ayuden a modernizar esa agenda que ya se iba amarilleando, no sólo de nombres, sobre todo de conceptos. De modos de repensar la actualidad.

Lo que esta vivo muta por su propia naturaleza, el niño deja de serlo para convertirse en púber y después en adolescente, que terminara siendo adulto y si alguna enfermedad no se interpone anciano. Igual pasa con los conceptos que están vivos, mutan, pero tendemos a dejarlos en nosotros justo en el momento en que los descubrimos como conceptos. La cooperación ha cambiado, la cultura mucho más y en este país, en este continente no voy a encontrar esos cambios, porque parece que aquí se enquistaron en ese momento en que se lanzaron al mundo. Es tiempo de tribulaciones y extrañamente es tiempo de mudanzas. Tal vez la excepción que confirme la regla.
Como se dice en estos casos…. Seguiremos informando