Cultura, política, cooperación, América Latina, libros,otras muchas cosas
Harto ya de estar harto, ya me cansé… de preguntarme por qué y por qué… y como la rosa de los vientos no me iba a ayudar, pues he decidido dejar de vagabundear, y encontrar entre el cielo y el mar las razones para tratar de usar este remezón que nos está dando el mundo de las finanzas. Entiéndase por remezón, abandono total. Gracias Serrat, porque tus letras siempre sirven para comenzar a tararear nuevas esperanzas.
En medio de esta “hartura” de quejas y maldiciones, comencé a pensar para qué podría servir un proceso como este en un sector como el nuestro. Encontré algunas razones que pasó a compartir con vosotros para que me digáis si es el consuelo de los tontos, o de verdad puede ser una oportunidad.

1º Se acabaron las megalópolis culturales. Ese grandilocuente afán por construir espacios gigantes, repletos de nada y atiborrados de vacío y sin sentido. O con sentido…o consentidos… pero el caso es que ya teníamos una saturación de espacios inmensos que no había con qué llenarlos. No hablaban entre ellos, no circulaba la obra, no existía la más mínima política de cooperación inter centros… o cómo quiera llamarse, y ahora no les va a quedar más remedio que dialogar, intercambiar obra, y poner a circular la imaginación y la creatividad para no morir entre sus propias ruinas.
2º Se retoma el peso de lo local, la cultura siempre ha estado en ese tío vivo que la hace oscilar entre la fama y la vida cotidiana. Últimamente se había apostado en exceso por la política de la fama. Se había apartado completamente de la vida cotidiana y por suerte su falta de medios la va a devolver a las calles, a las plazas, a los espacios repletos de personas. Como señala magníficamente Jorge Fernández en su texto: “El derecho a la conversación” http://aulaconsultoresculturales.blogspot.com.es/2012/03/el-derecho-la-conversacion.html#more hemos de volver a esa máxima que es “dialogar para avanzar”. El dialogo sólo es posible si la cultura de lo cotidiano, lo instala como un placer ciudadano.
3º Se retoma al ciudadano como protagonista. Ya no más el “pijerio” la “tontería” lo “sifrino” en las apariencias. Vuelve la persona a ser el sujeto de atención de las actuaciones culturales. Volvemos a pensar en el ser humano como una realidad que goza, que disfruta con el placer de la estética, con la belleza, sea cual sea la definición que le demos a ésta. Un ser humano sabe acercarse a la creación cuando dejamos que la creación se acerque a él. . Volvemos a recuperar el dialogo entre la obra y el espectador.
4º Se renuevan caras (mal que me pese, porque las caras viejas vamos desapareciendo) caras nuevas, en la teoría, en la creación, en la gestión (ahí me pesa más) en la difusión, en la exhibición, en la evaluación, en definitiva en lo que debe ser un ciclo también nuevo del proceso cultural.
5º Se generan nuevos espacios. Capaces de romper fronteras, de inventar lindes virtuales, de pensarse en otras dimensiones, de concebir nuevas formas. Espacios que hemos perseguido y no ha sido posible construir, espacios culturales, en los que de verdad lo que circule sean ideas, modos diferentes de interpretar la realidad, para cambiarla desde su esencia, que no es otra que la representación.

6º Se cae el concepto de política cultural, y se cae, porque no sirve. Porque no es capaz de dar sentido a lo que es de verdad un sistema cultural nuevo que crece entre la gente y de espaldas a los políticos y las instituciones. En una maravillosa conversación con Alfons Martinell y Gemma Carbó empecé a ver claro esto. La ruina del concepto actual de política cultural es una ventaja. Jodida, pero ventaja fin de cuentas.
7º Con la caída del concepto tradicional de política cultural como algo que ya no está donde está la gente, se tiene que caer una legislación obsoleta e incapaz de entender los nuevos modos de circulación y acceso del ciudadano a los productos culturales. Es necesario reescribir las leyes, para facilitar que la gente no siga sintiendo el temor que ahora tiene a sus injustificados arbitrios. Parece que legislan los de las multinacionales, no los legisladores que elegimos para que desde una parlamento serio se piense en el bien común.
8º Se estimula, se multiplica por cien, por mil el papel de la cooperación. Eso que comenzó siendo una disciplina que la gente asociaba con la ayuda al tercer mundo, con casi la caridad, se convierte en una herramienta de trabajo imprescindible para poder avanzar. Como el dialogo, la cooperación, el trabajo compartido es la esencia de los nuevos anglicismos que nos han invadido, crowfunding, coworking, hub, son ahora los nombres nuevos de lo que fue una política que también dio de si casi todo lo que podía dar y que ha tenido que renovarse, reinventar la cooperación en su versión doméstica. La cooperación en casa. De eso queremos hablar en el seminario que se pone en marcha en mayo en la sede de SEGIB. De la cooperación como estrategia real de trabajo compartido. No de asistencialismo trasnochado.
9º Se comienza a trabajar con otros sectores, ya la gente no pone cara rara cuando escucha la relación entre cultura y ciencia. Cuando ve que en las escuelas se comienza a trabajar con la cultura como una herramienta más en los procesos educativos. Cuando los medioambientalistas acuden a la cultura y viceversas para entender un mundo complejo que no puede seguir falsamente compartimentado. La cultura ya dialoga con otros sectores… por fin.
10º El más importante de todos los beneficios. Vuelve la creatividad. Vuelve la creatividad. Aquí no hay nada más que decir. Vuelve la creatividad.