Cultura, política, cooperación, América Latina, libros,otras muchas cosas
Muchas gracias por vuestros comentarios: tras el video y la entrevista con Robinson, he sentido que el legado que le debo dejar a mi hijo no es solo la educación, que también, sino la capacidad de ser creativo. Enseñar creatividad es algo complicado en una sociedad que vende la triste monotonía consumista y la imagen de derrota de aquellos que no pueden o no quieren dilapidar a la velocidad del viento. ¿Pero cómo se deja la creatividad en herencia? Sobre todo cuando uno no se siente especialmente creativo.
Con mi hijo pequeño vivíamos en Venezuela, un país que nos trató de maravilla, nos quiso, nos ayudó, nos empujó juntos hacia la felicidad y sobre todo nos educó con suavidad, en nuevos y maravillosos espacios de convivencia. Nuestra querida Ana, la maestra de mi hijo entonces, fue desarrollando en él capacidades que por desgracia luego nadie le siguió estimulando. Parece que hasta los seis años hay patente de corso para dejar que el crío juegue, descubra, aprenda por si mismo, investigue, rompa y vuelva a componer, … se acerque al mundo con su propia personalidad, no con la que luego le vamos a ir inculcando. A partir de los siete ya han de aprender eso que marca el pensum curricular. Deben ir dejando de ser ellos mismos poco a poco.
No soy experto en educación, no lo he sido nunca, pero cada vez me asusta más lo que va sucediendo en las escuelas. Los niños se aburren como ostras, los maestros no cobran sino que más bien reciben limosnas, las aulas son feas y aburridas, y la consecuencia es el abandono escolar, que no significa sencillamente irse de la escuela, sino salirse de un espacio en el que lo interesante es aprender. Abandonar esa búsqueda del cultivarse que ha de ser el tiempo del colegio.
¿Puede hacer algo la cultura por esta situación? La respuesta es obvia, ahora no. Nadie la invita, ningún ministerio de educación deja que se acerque, los informes PISA acucian y PISAN la capacidad de introducir nuevos modos para acercarnos al conocimiento. Al tiempo los gestores culturales pareciera que miramos para otro lado y salimos de este engorro culpando a los sistemas educativos y no presionando para que podamos hacer cosas juntos. Cultura y educación hace mucho tiempo que no charlan en serio, salvo muy honrosas excepciones. Experiencias sueltas en Argentina, en México, en Colombia o en Brasil, no son suficientes todavía para impulsar ese cambio en profundidad. Una transformación que se está demandando desde diversos lugares de la sociedad contemporánea.
Trabajar con la cultura debe ser más que trabajar con las bellas artes en las curriculas escolares. No se vaya a entender que me parece mal el trabajo con las disciplinas artísticas, todo lo contrario, creo que se debe potenciar este esfuerzo e irlo apoyando con mayor intensidad cada día. Pero la inclusión de la cultura responde a un cambio de mirada, de forma de acercar el conocimiento al alumno. Posicionar una capacidad crítica, alimentar el espíritu del disenso, ser capaces de enseñar las diferencias como factor de crecimiento y no como factor de retardo para ello.
Enseñar de nuevo el placer de conocer, por el mero placer de conocer, no para obtener cada vez mayores rentabilidades de ese conocimiento. Fomentar los espacios de encuentro, no alrededor de un centro comercial, sino entorno a espacios de investigación. No solo se investiga en los laboratorios o en los lugares dedicados al desarrollo científico, se investiga en la vida, con la gente que nos rodea, lo más importante de cuanto podemos aprender en esta vida es a ser felices, con todo lo que nos ha tocado en cada tiempo. Incorporar al otro como un legitimo otro, no como un futuro competidor. O como un posible consumidor o productor de bienes y servicios.
Otro con el que subirse a un ring sea una fiesta.
Por esto quiero proponeros que vayamos intentando lanzar ideas, por alocadas que parezcan para que la cultura comience a participar de la educación y entre ambas disciplinas faciliten un nuevo modo de acercarnos a la innovación y el conocimiento.