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La ciudad y las redes.
El lunes 31 de octubre de 2011 se alcanzará la cifra de 7.000 millones de seres humanos en el planeta, si las cifras de quienes vivimos hoy en las ciudades son ciertas parece que más del 75% de la humanidad hemos elegido este hábitat, lo que significa que casi 5.500 millones de personas vivimos en ciudades.
La gran mentira de la crisis económica sigue debilitando a los estados (con minúsculas) y por ende fortaleciendo los gobiernos de proximidad, es decir el de las ciudades. Claro que los más fortalecidos siguen siendo los bancos, dueños de las empresas que abogan por la continua privatización de todo… hasta del agua… cuando lo cuentas fuera de España a la gente le escandaliza solo pensarlo.
Las ciudades se convierten en el entramado en que hay que pensar cuando queremos imaginar el futuro. Los nacionalismos en Europa ahogan cada vez más la idea del Estado Nación. La permanente atomización que se vive en el viejo continente lleva a suponer que efectivamente serán microclimas culturales los que cohabiten, mejor o peor, en un tiempo no muy lejano.
En otros espacios como América, tanto del norte como del sur, el discurso es muy diferente, los Estados son a los ojos de los ciudadanos una buena solución, y parece que la atomización no está tan próxima. A pesar de ello también las ciudades sufren un extraordinario crecimiento y congregan a cientos de millones de habitantes, ante el permanente abandono de lo rural… asociado con pobreza y falta de opciones para crecer y encontrar oportunidades. Cuando no con una intimidación provocada con la finalidad de comprar las tierras de los “expulsados por la violencia” a precios irrisorios.
Las ciudades conscientes de su protagonismo han decidido abogar por la creación de redes y estudiar desde ellas lo que será el futuro de la globalización. Pero a mi modesto entender estas redes todavía no responden a lo que de verdad quieren los ciudadanos, están pensadas para congregar a los políticos, con la sana idea de que ellos trasladarán a la ciudadanía los resultados de sus deliberaciones, pero parece que no termina de ser así.
Creo que se abre una oportunidad de oro para pensar un nuevo modo de ejercer el poder, contando más con los ciudadanos y estableciendo menos diferencias entre los tipos de “personas” según sean cercanas o no a las “altas” magistraturas o a las “bajas” ocupaciones de la sociedad civil. Es el momento de pensar que de ellas surge el pensamiento que debe facilitar la vida en común, es ahora cuando debemos hacer el mejor esfuerzo para que ese pensamiento sea generado entre todos.
Siempre he dicho que las redes no son un proyecto, sino una magnifica herramienta para dinamizar y agilizar los procesos. Pecado capital de muchas de las redes existentes, es creerse proyecto en si mismas y no el instrumento que son, privilegiando sus modelos por encima de los objetivos para los que nacieron.
Somos conscientes que debemos cambiar aquello que hasta la fecha nos había servido, las redes de ciudades deben proyectar este cambio de manera rápida con el fin de no perder el paso ante el vertiginoso crecimiento y expansión de sus componentes. Son necesarias, es más, me atrevería a decir que son imprescindibles, pero o se amoldan al vértigo, o si se acomodan en el reposado modelo de repetir lo que fueron, no servirán a nadie y nadie las querrá para otra cosa que no sea imaginarlas… no utilizarlas.
Los debates, el aprendizaje y el intercambio de experiencias son el motor y la energía que vigoriza su utilidad. Por ello requieren la agilidad y la flexibilidad necesarias para incorporar cada vez más posibilidades y dar cabida a nuevos modos de contar(se) y de narrar(se) lo que surge de la creatividad y mejorar así las condiciones de vida de los ciudadanos.
Si las redes se estancan, los miembros de las redes no las usan, y los objetivos de los procesos para los que nacieron se buscaran por otros lugares. Las redes de ciudades deben ser el cerebro de ese nuevo modo que se vislumbra para la convivencia de los seres humanos, como todo cerebro necesita ejercitar sus neuronas y renovar sus capacidades con mucha frecuencia, al menos con tanta como el resto del organismo al que coordinan.
Acabo de estar en Belo Horizonte, una maravillosa ciudad en expansión continua, en el encuentro que por primera reunía a dos redes muy importantes en el tema de ciudades, MERCOCIUDADES e INTERLOCAL, bajo el paraguas de la AGENDA 21 de la cultura. Como en todos los encuentros, lo mejor es justo eso, encontrarse. En este caso además de la felicidad de compartir realidad para luego alimentar virtualidad, se ha respirado la necesidad por parte de todos de un nuevo y decisivo empujón a ambos espacios que les permitan seguir imaginando y proponiendo la ciudad que queremos, con valentía, con fuerza y sobre todo con su gran potencial, con la gente que construye la vida cotidiana de los espacios en que más de un 75% de la humanidad buscamos nuestro desarrollo.
La cooperación, el intercambio de experiencias, la reflexión y la puesta en común de problemas compartidos o propios, son algunos de los instrumentales con que esta herramienta que es la red puede ayudar a su único objetivo, contribuir a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Mucha suerte. Y una sola afirmación me atrevo a asegurar como cierta: os necesitamos.