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28 junio 2013 5 28 /06 /junio /2013 14:56

La diversidad en América Latina ha sido objeto de importantes debates conceptuales tanto en la esfera política como en la académica,  su inclusión  en las constituciones de reciente cuño así lo demuestra. La presión fundamental ha venido de la sociedad civil, quien no ha cejado hasta ver que se avanzaba en el proceso de respeto y búsqueda de una igualdad legislativa.  Es así y sólo así como el poder se da cuenta de las cosas que debe  transformar, y cuanto mayor es el empujón, mayor es la necesidad de dar cabida a esas transformaciones, ahí radica una de las fortalezas  de los votos.

Este avance conceptual y  legislativo no tiene ni en América ni en Europa un reflejo en términos de visibilidad. La visibilidad se produce en los espacios en que nos hacemos  visibles (perdón por el Perogrullo), esto es en las pantallas, en los libros, en los medios de comunicación,  en los espacios de farándula y deporte. Obviamente el primer espacio de visibilidad es el poder, todo aquello que gobierna, ejecutivos, banqueros, políticos, educadores, gestores de instituciones públicas, etc.

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Bitacora de atención a la diversidad:  especial-ugr. blogspot.com

En su momento las mujeres necesitaron un empujón, era patente y patética la supremacía de los hombres en todos esos espacios de visibilidad. Todavía no es que haya dejado de ser patente aunque sí es un poco menos patética. Ese empujón en el que (casi) todos hombres y mujeres estuvimos de acuerdo sirvió para compensar el inmenso desequilibrio social que en temas de género existía.

En estos momentos la diversidad es leíble, pero no es visible.

¿Se necesita un empujón como el que se dio a la presencia de las mujeres en su momento?  Mi opinión personal es que sí. Necesitamos negros en las televisiones, indios en los espacios gerenciales, travestis en otros lugares de la web que no sean sencillamente las páginas porno. Necesitamos espacios de culto para otras religiones que no tengan que estar estigmatizados como  “nidos de terroristas”. En definitiva necesitamos instalar la diferencia entre nuestras formas de mirarnos.

La legislación ha avanzado mucho, pero en las bibliotecas todavía no hay espacios donde se pueda estudiar el tema étnico con facilidad. Lugares en que haya referencias a esa otra historia que ha ido fraguando nuestro futuro;  eso sí se nos llena la boca de ancestros de otras etnias, porque eso da una identidad más compleja y merece la pena presumir de ella, pero de ahí a aceptar que  siguen en nuestras vidas y que pueden ser los abuelos de otros “nosotros” que necesitan tener identidades complejas para poder reivindicarse… va a un trecho.

La diversidad no tiene espacios de visibilidad. Los étnicamente “puros” hemos ocupado el mundo haciendo que lo demás quede siempre opacado, escondido. Como decía un gran amigo:  “ese negro tiene tanto dinero que hasta parece blanco”. En España la izquierda reivindica un pasado árabe, pero no le da cabida a ningún árabe en los espacios de decisión.  Europa esconde la diferencia, le molesta,  no sólo no es visible, sino que por desgracia cuando se hace visible salen imbéciles redomados a las pistas de tenis y a las calles de Paris a protestar porque se les dan derechos. los dejan casarse, a los diferentes, a los que no son heterosexuales, y además se esconden detrás de la defensa de los niños, o diputadas fascistas como esa incalificable señora de la liga norte que animaba a violar a la titular de integración en el gobierno italiano por ser negra. Seguro que los niños prefieren diez millones de veces tener  papas del mismo género y   que los quieran a que les toque en suerte una fascista de la liga norte  que los eduque a  patadas.

No sabemos aceptar que el mundo está compuesto por gente que no es como nosotros, y la prueba de ello es que cada vez les damos menos oportunidad de estar y de mostrarse. Obama es un caso significativo de lo que puede producir eso que llamamos discriminación positiva.

arte-indigena-jpg

"Vocho" y arte indígena - Efe Agencia

Sí creo que la cultura debe ser una punta de lanza para dar  visibilidad a la diferencia. Son pocos museos  que exponen cosas diferentes a las aceptadas por una historia del arte hecha en el siglo XIX con parámetros de cuando ni siquiera la diversidad era leíble.  O pocas salas de cine las que proyectan cosas diferentes a las aceptadas por Hollywood. Sin hablar de las pocas caras que llevan matices a las pantallas o los pocos cuerpos que se encaraman en muletas en espacios de visibilidad. Parece que el concepto de estética humana todavía no ha sabido salir de los cuadros del renacimiento, y el “éxito mediático” está reñido completamente con otra cosa que no sea el metraje correcto y el color adecuado.

Construyamos una visibilidad para la diversidad desde la cultura. Reclamemos imágenes diferentes, historias del arte que incluyan otras formas de hacer arte, músicas que hablen de otros modos de estar en las almas y los cuerpos. Danzas que pueden ser igual de clásicas que el Cascanueces, pero con otros ritmos y otros cuerpos. La cultura guarda demasiados silencios ante la ausencia de diversidades en sus “manifestaciones” más “patrimoniales” y ya es hora de ir cambiando ese discurso que sobre todo es ABURRIDO.

 

 

 

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Published by fvicario
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