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17 marzo 2013 7 17 /03 /marzo /2013 16:21

 

Pareciera que con la crisis la cooperación cultura desapareció, lo que evidentemente es falso. Lo que ha desaparecido es un modelo, que en su momento fue útil, o al menos yo así lo creo, movilizó muchas dinámicas interesantes, y propuso muchas metodologías de trabajo que en la actualidad están siendo transformadas por una realidad que las obliga a repensarse y renovarse. La cooperación cultural sigue creciendo con fuerza, pero con dinámicas muy diferentes a las que traía desde el siglo XX.

Como muestra sirva el fenómeno de las redes, cada vez más en marcha, el cofinanciamiento, el copatrocinio, el micromecenazgo, las nuevas oficinas de trabajo compartido. Sin olvidar  modelos como el  que han puesto los músicos a funcionar  componiendo nuevas piezas desde lugares diferentes. El intercambio de obras literarias, la capacidad de conocer las  imágenes rodadas en  lugares muy lejanos a aquel en el que vivimos, etc.

coworking.jpg

La gente de la calle, la de a pie, la que va a “pata pelá” sigue creyendo en esa máxima de  que la cultura activa y reactiva los procesos de trabajo compartido. De cohesión social. De participación en la construcción de un mundo diferente. La gente del común sabe que lo que hay  es que hacer y dejar de pedir, construir,dejar de esperar, comenzar a realizar.

hub-bogota.jpg

Ante esto las instituciones tienen cada vez un menor protagonismo, una capacidad menor de influir, de proponer, de edificar ese modelo nuevo que las sociedades están elaborando por su cuenta. Incapaces de adelantar propuestas  aceptadas por la ciudadanía, incapaces de entender dónde está la ciudadanía.

Es en la cultura donde se puede y se debe poner en marcha un nuevo modelo institucional de trabajo compartido. Es desde  la cultura desde donde los gobiernos pueden  acercarse a la ciudadanía, para aprender sobre  los nuevos modos de verse en conjunto. De sentirse cerca, de hablarse, tal y como hace la sociedad civil,  los que no tienen otro modelo de institución que las avaladas por  ellos mismos.

Red-Social-De-Microfinanzas.gif

La institucionalidad de cultura va a la zaga. El que haya caído el aporte de algunos países, como  España,  lo que ha conseguido es dejar de manifiesto que esos países que se quedan sin dinero parecen al tiempo quedarse sin ideas. Sin fuerza, sin ganas y sobre todo sin proyecto de construcción cultural compartida. Porque si la cultura como sector nacional se ha quedado rezagado en gran parte de los países, el componente internacional de los sectores oficiales se ha quedado todavía más atrasado. No se reúnen y cuando lo hacen es para debatir lo mismo que ya debatieron hace muchos, muchos años. No se piensan en conjunto, no son capaces de dar nuevas ilusiones, perspectivas, ni ideas a quienes esperan que algo bueno salga de esas cabezas.

pensando-en-conjunto.jpg

No es un problema de dinero. Es un problema de ideas. De ganas,  de fuerza,  y creer en el proyecto que se tiene entre manos. Hacer cosas juntos es sobre todo tener la intención de hacer cosas juntos. Los medios se irán descubriendo por el camino.

El protagonismo de la cooperación cultural está en estos momentos en los ciudadanos de a pie, y si las instituciones no saben mirar y aprender quedaran fuera de juego, quedaran para seguir construyendo eso… declaraciones de intención. Lo malo es que los ciudadanos de a pie las seguimos necesitando, por eso no cuestionamos su existencia, cuestionamos su presencia.

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Published by fvicario
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Comentarios

David 03/19/2013 04:24

En la diana, como siempre Fernando.

EDUARD MIRALLES 03/18/2013 09:09

Di que sí, querido, di que sí. Hoy día, en un contexty de globalización avanzada, a las instituciones que alegan escasez de recursos para no tener relaciones internacionales ni cooperan como
decimos en catalán "se les ve el latón" (es decir, el "plumero"). No confundamos la pobreza con la miseria. Cooperación tambien es intercambio, bilateralidad, aprendizaje mutuo... y eso no cuesta
dinero necesariamente. Gran tarea, aprender a ser Sur habiendo sido Norte!