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28 noviembre 2011 1 28 /11 /noviembre /2011 18:56

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Acabo de llegar de un mes de noviembre glorioso. Lo he disfrutado como pocos meses de noviembre en mi vida, debe ser por eso del 11 del 11 y las cábalas. Tres encuentros  que han  dado mucho combustible para el motor que pone en marcha esto de las ideas. Belo Horizonte, fascinante  la juventud y presencia de lo que ahora configura Brasil, la fuerza, el empuje, la ilusión. Tras él,  Quito, un modelo diferente de poner a pensar a los actores en la cultura y sus impactos en la ciudadanía. El diseño del  trabajo fue brillante, en la misma mesa  quienes piensan y quienes hacen  rompiendo  esa dicotomía que se venía imponiendo  que separaba los lugares de pensamiento y acción. Con una elegancia en que los resultados   nos dejaron  pasmados a los que  estábamos allá. Cali, espacio de encuentro de quienes maduran que esto de la industria cultural debe ser repensado y fortalecido bajo otras ópticas, con mayor participación  y con fuerzas nuevas que comiencen a interesarse por trabajar la cultura desde otros parámetros.

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Varias conclusiones que me atrevo a decir han sido comunes   y una propuesta final que voy a elaborar a partir de todo este relato.

La primera conclusión  es la cada vez mayor separación que se viene constatando entre institucionalidad y ciudadanía. En diferentes escalas, pero con ese toque de atención a las autoridades competentes de que la cultura está en otro sitio, que quiere estar apoyada y empujada con otras herramientas y que necesita que las instituciones se acerquen a lo que pasa de verdad en las calles y en los espacios nuevos que se están construyendo.

La segunda la fuerza con que los escenarios y los lugares de la cultura se construyen a partir de nuevas relaciones, con  nuevos protagonismos y pensando en esas maneras distintas que se imponen en todas partes de “consumir” cultura.

La tercera el protagonismo de la juventud en el tema. Repensando su futuro y su manera de construir modelos de participación política, de inserción de las “minorías” , de incorporación de la mujer, de rechazo a los modelos  financieros que nos dominan sin dejarnos ver más allá del crudo y vil metal… En definitiva de querer usas la cultura para asentar el cambio que buscamos por todas partes.

La cuarta la transformación vertiginosa de los escenarios y los lugares desde dónde se hace y se difunde la cultura. Escenarios que son cada vez más poliédricos, multidisciplinares y complejos. Con resultados que de igual manera ya no pueden seguir siendo analizados bajo los ejes tradicionales.

La quinta la necesidad de introducir maneras diferentes de financiar la cultura, con la idea de revisar el espacio que se necesita en la Responsabilidad Social Empresarial, pero también entendiendo modos distintos que van desde la reaparición del trueque, a la coparticipación solidaria.

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La sexta la ineludible necesidad de revisar la legislación vigente. Con valentía, sin miedos a decir que no nos queremos comer más leyes Sinde, que ponen la culpa y la condena en el eslabón más débil de la cadena, sin respetar que los nuevos consumos necesitan de verdad nuevas miradas a los que desde siempre han sacado tajada de la jugada de la creación.

La séptima el valor real del conocimiento como espacio de construcción de un nuevo siglo XXI y por ende la imprescindible complicidad para  establecer nuevos nexos de unión entre la educación y la cultura para conseguir que el conocimiento sea un espacio de creatividad y la creatividad un espacio de conocimiento.

La octava el impostergable dialogo entre la cultura y sus hermanas de cimentación de nuevas sociedades, el urbanismo, la salud, el medio ambiente, la ciencia, espacios que se deben pensar  de encuentro y no como hasta la fecha disciplinas separadas peleando por presupuestos diferenciados y cuotas de poder delimitadas.

La novena es un sentimiento que me ha conmovido especialmente porque hace referencia a una mirada sorprendente. Queremos y necesitamos tratar bien, incorporar y escuchar a nuestras personas mayores. Cada vez son más en todas las sociedades y cada vez son menos importantes. Ya está bien de respetar patrimonios y destrozar la vejez construyéndolo como el espacio de la inutilidad.

 

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La décima me resultó igual de sorprendente, no queremos seguir pensando sólo en las ciudades, porque si seguimos así, haremos culturas urbanas desurbanizadas. Se necesita volver a poner a dialogar todos los territorios de la Nación, del globo… sin dejar por fuera nada ni nadie, porque ésta política es la fuente de una nueva manera de exclusión  que puede traer marginalidades más exageradas aun de las que existen. Cierto que las ciudades son hoy el motor más activo de la política y el actuar de la cultura, pero en los tres espacios se dio cuenta de que no sea el único.

La undécima, y con esta termino por aquello del once del once, la fuerza de las nuevas redes y los nuevos modos de construir comunicación. Ya no hay más espectadores y creadores, se va imponiendo la fuerza del binomio en el mismo espacio, porque la gente quiere ser activa y quiere comunicar, quiere participar en los procesos de creación y publicar sus relatos, y sus fotos y sus videos y sus músicas, no tanto con el afán de triunfar sino con el de estar… en ese nuevo universo creativo que todos soñamos.

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Debates abiertos al público y capaces de saber escuchar los más discrepantes modos de entender el futuro, porque los tres han sido espacios en que se ha tenido muy claro que exteriorizar el disenso es la primera parte del proceso para conseguir ponerlo a convivir. Los disensos no se deben suprimir, todo lo contrario, deben ser escuchados y respetados, porque eso y solo eso es aprender a respetar la diversidad.

De forma paralela y por desgracia con una mucho menor participación por mi parte, se han llevado a cabo en España dos grandes foros, el de las industrias culturales en Español y el de Ciudades Creativas, no me atrevo a incluir las conclusiones en la lista anterior, pero sí me comprometo a contrastar y conversar con los organizadores para intercambiar resultados.

De todos y de cada uno de ellos iré dando cumplida cuenta en este Blog, con resúmenes, opiniones y debates, pero hoy quería, justo al llegar a casa y sentarme a descansar de las horas voladas, ( en el sentido más amplio de la expresión) , compartir mi felicidad por lo sucedido. Cuando el mundo entero habla de crisis y de los horrores que comete la banca contra los ciudadanos. Cuando Europa se rasga las vestiduras ante la inutilidad de su BC. Cuando pareciera que solo nos mueve el piso que nos toquen la cartera, resulta que en cinco lugares diferentes, con cinco temáticas distintas, se construye un panorama de soluciones y propuestas que están cercanas a lo que significa ser humanos. Querer ser humanos. Disfrutar de ser humanos. Sin que el terrible estado de ser clientes bancarios consiga amargarnos la fiesta de estar vivos.

Eso que sólo he hablado de Noviembre… algún día debiéramos hacer un recuento de todo lo que sucedió en Girona con la comunicación y la cultura, en Cartagena de Indias con la Cultura y el desarrollo, en Belo Horizonte con Interlocal, en Mar del Plata con la cultura y la política y así muchos, muchos más procesos de búsqueda.

Por tanto mi propuesta final, es que sigamos reuniéndonos, encontrando otros caminos, hablando de aquello que de verdad  queremos  hacer, presionando y gritando que sus crisis no conseguirán acabar con nuestras ilusiones. Sigamos manifestándonos a través de manifiestos y de manifestaciones. Porque como dice Galeano, lo mejor de la Utopía es que nunca la alcanzas, es ella la que te hace seguir en movimiento.  

Habrá quienes digan que la utopía no soluciona el hambre, que no cambia la situación de desempleo y que no ayuda a comer a la gente… ¿lo hace la economía??? A las pruebas me remito.

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Published by fvicario
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Comentarios

Alfons Martinell 11/29/2011 08:58

Que bien una lectura optimista entre tanto pesimismo y desaliento. Alfons