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14 febrero 2013 4 14 /02 /febrero /2013 14:55

 

 

Cuando era joven tenía la ilusión de no verme nunca mayor,   ahora  tengo la certeza de que eso no va a ser así. No me molesta nada haber crecido,  sé  que algunas cosas son inevitables, no he perdido la ilusión, sólo estoy aprendiendo a mezclarla con  las certezas.  

La ilusión es  una de las fuerzas de la juventud, al tiempo que también una de sus grandes enemigas, porque hay que aprender a encajar las desilusiones, a entender las certezas  no como derrotas de la ilusión, sino como espacios de renacimiento de nuevas verdades. Verdades que  constatamos sin esperanza de  retorno.

autoestima

La certeza (en España)  en esta ocasión se llama crisis. La ilusión ante esta etapa es salir con otras miradas, con otras maneras de poblar el planeta. Esas otras miradas nos van a costar mucho. Vamos a tardar mucho en aprender a encajarlas.

Sigo teniendo la ilusión de que los que nos dedicamos a la cultura sepamos aportar certezas que sirvan para el cambio. Lo que veo, lo que siento y escucho a cada rato es que el sector cultural sólo se preocupa de su malestar. No el famoso malestar en la cultura al que se refería Freud y con cuyos principios estoy en general acuerdo. No. El malestar de quienes quieren seguir pensando que la cultura ha de  seguir siendo el espacio en que los ministerios financien a unos pocos y desprecien a otros muchos. Parece que sólo entendemos los ministerios de cultura si tienen fondos concursables (subvenciones coloquialmente hablando).el-malestar.jpg

Los ministerios de cultura debieran servir para construir el modelo de país que queremos tener. Construir. Edificar entre todos. Con conflictos, con diferencias, con peleas, pero el de todos. Si no lo hacen los ministerios debemos hacerlo desde la sociedad civil. 

Si la cultura de las artes plásticas me sirve para aprender a mirar, la de la música para aprender a escuchar, la de las artes audiovisuales para aprender a imaginar, la de la literatura para aprender a escuchar, y así podríamos seguir; por qué la cultura en general no nos sirve para aprender a entender  los cambios y trasladarlos a quienes  de verdad los tiene que incorporar, a los ciudadanos.

Y ese es un peligro incluso mayor que el de la crisis económica, pues puede provocar una indefensión absoluta: nadie cantará a Beethoven, o a Schiller, porque nadie recordará que el arte es aquello que consuela cuando existen muros y aquello que enaltece cuando se destruyen fronteras. En consecuencia, nadie sabrá, tampoco, que eso que llamamos cultura, a la que Europa —más que otras regiones del mundo— lo debe todo, es un ejercicio de libertad y de orientación en el laberinto de la existencia. Para eso necesitamos todo lo que ahora, con una celeridad increíble, estamos abandonando. Es cierto, como dicen muchos profetas actuales, que la cultura —la “cultura europea”, se entiende— es superflua y anacrónica, pero no es menos cierto que también la libertad es superflua y anacrónica desde un punto de vista estrictamente pragmático. Se puede existir —no sé si vivir— sin ser libre. También se pueden hacer grandes negocios o tener éxito en la profesión. La libertad no es necesaria pero, como demuestra el ejemplo de Antígona, es imprescindible. De eso, durante siglos, nos ha hablado la cultura europea a los europeos. Y es eso, precisamente, lo que hoy se aleja de nosotros.

¿Una ilusión puede ser  querer cambiar  una certeza? Sí, y  los años nos enseñan a saber que ilusiones pueden llegar a  ser ciertas y cuales  no lo van a ser nunca. Por más que la medicina nos siga “ayudando” nos vamos a morir, de esa certeza vive la religión, las religiones. Tenemos la ilusión de que esa muerte no sea más que un tránsito hacia otro espacio, otro lugar, parece que  los buenos irán a un sitio y los malos a otro, un lugar donde por fin renacerá la justicia, (es decir que Gallardón estará en el de los malos)  Hoy tengo una ilusión que me gustaría mucho convertir en certeza. Sin convertirla en religión, sin predicarla como la verdad y la salvación, sencillamente una ilusión que quiere cambiar a certeza.

cul-y-lib.jpg

Tengo la ilusión de que los que trabajamos en cultura sepamos hablar de sociedad, y apostar duro por cambios que no sólo afecten a las subvenciones, o la celebración de espectáculos, o la bajada o subida del IVA o del IRPF. Tengo la ilusión de que los periódicos cuando hablen de cultura hablen de maneras de transformar. De modos de  cambiar estilos de gobierno, de maneras de pensar diferente a lo que hasta ahora ha sido la “tónica” del pensamiento. Tengo la ilusión de que eso que llamamos cultura siga sirviendo para ese ejercicio de libertad y de orientación en el laberinto de la existencia,  Porque la certeza es que los políticos, la política, esa que desprecia a la cultura, no sirve; está “conchabada” con los bancos (deleznable el espectáculo del encierro de Draghi en el congreso de los di-putados en España). La política actúa en una grandísima medida contra el bienestar de los ciudadanos  y para su propia supervivencia, la de esos partidos que dicen hacerla y que lo único real es que la deshacen.

Tengo la ilusión de que la cultura sirva para denunciar, poner de manifiesto, explicar otros modos de estar en sociedad, otras formas de crear ciudadanía. Tengo la ilusión de que la cultura se convierta en un modelo de debate, de conflicto sin armas, de confrontación sin violencia. Si eso significa que nos quiten las subvenciones, que no nos den ayudas, que nos suban el IVA o que no nos dejen hacer la gala de los Goya, pues mala suerte.

viva-el-cambio-jpg

La gente y sobre todo nosotros necesitamos saber que estamos ahí, en una ocasión ya hicimos mucho porque se fuera ese señor bajito y con bigote… no, no franco, el otro bajito y con bigote. Es hora de sacar a este,  al que le han crecido las barbas… y se las vamos viendo cortar… ¿Ponemos las nuestras a remojar? No,  se las terminamos de cortar. Las barbas. Y punto. Es hora de acabar con esta manera de hacer política, y con esta manera de quejarse desde la cultura. Construir es la mejor manera de demostrarles que ellos no nos podrán destruir… Por mucho que se sigan empeñando.

 

http://elpais.com/elpais/2013/01/17/opinion/1358431678_706569.html

El subrayado es de cosecha propia, no venia así en el original. 

 

 

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Published by fvicario
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