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27 febrero 2013 3 27 /02 /febrero /2013 13:22

Esta maravilla de país que es Colombia me ha dado la oportunidad de repensar muchos conceptos, sobre la “bendita” disciplina a la que me dedico hace ya algunos años;  la Gestión Cultural, así con mayúsculas. Una profesión de la que cada día me enamoro con más fuerza y la siento más y más necesaria para ir transformado realidades y cambiando modelos de actuación en esta difícil tarea que es el estar juntos. La profesión ha sido definida y redefinida en múltiples ocasiones, pero siento que todavía no hay una conciencia clara  de cuáles son las diferencias entre un gestor, un animador, un empresario, un manager, un curador, o un programador. ¿Existen políticos de la cultura? ¿El papel del gestor tendría que ser más político y el resto más tecnocrático? ¿Cumple de verdad la cultura un rol en la política?

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Hace poco un gran amigo me hablaba de la función social de los museos. Hace un poco más tuve la suerte de participar en uno de los procesos de búsqueda más serios que se han llevado a cabo sobre el rol de la cultura en las acciones de desarrollo, de crecimiento social. He escuchado a gente decir que la entrega de los Goya no es el lugar para hacer mítines, como también he escuchado a gente decir todo lo contrario. La prensa de extrema derecha se enfada por las incongruencias de los actores  y perdonan las estafas de banqueros que  se permiten ir a consejos de dirección de más de 200.000 euros al año. 

La cultura siempre ha tenido una función política que enaltece los ánimos de quienes piensan que trabajar con la creación, las ideas y los símbolos que construyen sociedades debe estar fuera de los debates y las diatribas, y que si está dentro tiene la obligación de mostrar una coherencia que en cambio no se le exige a los políticos, ni a los banqueros, ni a todos esos seres circunspectos que afirman trabajar por el bien social mientras permiten suicidios y desahucios por donde pasan y sobre todo pisan.

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Creo que los protagonistas de la cultura tienen que entrar y cada vez con más fuerza en el pensamiento político. Repensar  qué pueden ayudar a  cambiar en esta “fracasada” estructura social.  

Repensar el derecho de autor en una sociedad en que las empresas de comunicación son las dueñas del mundo, significa repensar un nuevo modelo de repartir la riqueza. Repensar la historia en una sociedad que ha convertido el patrimonio en un juego de turistas ricos, significa volver a plantear el valor de una identidad mercantilizada, de la que se cuelgan muchos nacionalismos baratos (no creo que haya nacionalismos caros). Repensar qué hacer de verdad con eso que defendemos como diversidad y que a veces se convierte en una disimulada estrategia para conservar privilegios de unos pocos frente a necesidades de otros muchos; o para aplastar los derechos de unos pocos por la presión de unos que no son muchos pero sí tienen mucho. Repensar unos derechos culturales que han de estar al servicio de la comunidad antes que al servicio de los objetos que veneramos como fetiches de religiones sin dioses.

Tomar partido ante problemas que son culturales como la legalización de las drogas. Las drogas antropológicamente se han venido utilizando y la educación ha sido el freno para evitar los abusos en su consumo. La educación, no la prohibición que genera capitales ocultos que benefician a muchos que se niegan a admitirlo.

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Revisar entonces el papel del Gestor Cultural con mayúsculas es replantear el papel político de la cultura y es formar gestores públicos que tengan en la mira muchas más cosas que la relación con la banca o la estructura del proceso fiscal. Es formar a gente que ayude a pensar el modelo de país que queremos construir, con el modelo de memoria que vamos a utilizar para ello, y la comunicación que vamos a facilitar a los ciudadanos para que se puedan expresar y participar en la renovación social que a todos nos incumbe.

Tengo la suerte de vivir en un país que se toma muy en serio la cultura, no sólo desde sus instituciones, también desde sus formas y estrategias de organización civil. De participación ciudadana. De reflexión social. Vivir aquí es lo que me ha generado  esta catarata de ideas sueltas que creo deben irse hilvanando en futuros cercanos. He vuelto a descubrir con pasión que la Gestión de la Cultura es una profesión en la que la política no puede y no debe estar ni ser ajena, porque en el fondo y en la superficie el Gestor Cultural es un pensador social. Y eso se pongan como se pongan los puristas de la gobernanza es Hacer Política; con Mayúsculas.

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Published by fvicario
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Comentarios

Carlos Villaseñor 03/02/2013 17:50

Mi querido Fernando, coincidimos plenamente en la importancia de la política cultural. No de la grilla, la politiquería, la intriga palaciega o nada por el estilo; sino de la política que orienta
los medios públicos al bien común, a través de un gobierno sustentado en leyes. Te comparto el vínculo a un texto que escribí con el tema de política y cultura. Estoy seguro que te va a interesar.
¡Ojalá y lo comentemos!A continuación la dirección electrónica:
http://www.academia.edu/1482948/Lo_Cultural_en_la_Politica

Rafael Morales Astola 03/01/2013 12:00

Comparto lo que dices, compañero. La gestión cultural ha vivido un proceso a veces penoso y a veces brillante por el reconocimiento profesional. En este sentido, creo que España ha desempeñado un
papel principal a nivel autonómico, estatal e internacional, siendo vanguardia en muchos casos en este desafío por re-conocernos y para que nos re-conozcan como gestores culturales. La Federación
Estatal de Asociaciones de Gestores Culturales (FEAGC), que tuve el honor de presidir casi cuatro años, contibuyó de manera determinante y ahora tenemos en España una formación bastante reglada en
el ámbito universitario (siendo un buen ejemplo el Grado de GC en la Universidad de Huelva) y la inclusión del epígrafe de "gestor cultural" en la CNO de Ministerio de Trabajo (dígitos 3713). Queda
por lograr el epígrafe de "gestión cultural" para las empresas en la CNAE. En estos años que me tocaron se elaboró la Descripción del Puesto de Trabajo de GC y el Código Deontológico de la GC.
Siempre se cuidó de la necesaria, operativa y estimulante alianza entre la ética, la estética y la economía, de manera que nunca lo tecnocrático apabullara lo social, lo político, lo humano.
Actualmente, hay un empeño, a nivel europeo, por apabullar con lo tecnocrático, con el economicismo de la cultura. El internacionalismo en GC es el mayor antídoto contra esta forma de barbarie
camuflada con retóricas recomendaciones y (esto es casi un oxímoron) retóricas estadísticas. Latinoamérica ha encendido una antorcha hermosa para la GC y es la Red Latinoamericana de Gestión
Cultural. Te invito a contactes con la Red, Fernando. Es un proyecto de base, cargado de afecto, de política cultural, de personas, donde también tuve el honor de participar en la hora de su
gestación hace unos años. Pienso, como le dije a Roberto Guerra, Presidente de la RedLGC, que la gestión cultural es el arma de construcción masiva definitiva para estos tiempos que Brecht llamaría
quizá "más sombríos todavía". Pero que no nos quiten el entusiasmo, por ninguno de los flancos por donde agreden a la cultura, a las personas, al alma de las sociedades y de los sistemas
democráticos. Tenemos ganada la batalla.