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26 febrero 2012 7 26 /02 /febrero /2012 18:53

Llevo unos días leyendo todo lo que cae en mis manos sobre políticas culturales, y me sorprende la ausencia en prácticamente todo lo que veo de la cooperación, tanto como concepto, como práctica para llevar las políticas a buen puerto. Los master y los estudios que hay de gestión cultural, tienen una  presencia  tan pequeña de la misma, que ni siquiera da tiempo a los alumnos a hacerse una idea real de lo que sucede en este terreno.

No creo que haya un territorio más necesitado de la cooperación que la cultura. Google da 2.380.000 entradas cuando uno busca en español políticas culturales. Rebuscas por las miles de páginas y encuentras joyas como esta:

Para que una sociedad marche bien es preciso que funcionen en forma adecuada los sistemas de producción (economía), los mecanismos para distribuir la autoridad y los papeles y funciones (vida política y social), los mecanismos mediante los cuales la sociedad busca conocer e interpretar la realidad (ciencia), los hábitos y maneras de recreación y empleo del ocio (recreación, turismo, deporte) y las formas para dar sentido a sus acciones y a la vida de sus miembros. Estos últimos -lo que tiene que ver con la recreación y la búsqueda de significados -conforman lo que normalmente entendemos por cultura, que es el espacio de la producción de sentido, de la formulación de creencias, de la definición de valores sociales, de la creación artística, religiosa, filosófica, lingüística y literaria. La educación, por su parte, se encarga de trasmitir, de generación en generación, el saber, las creencias, los valores sociales. http://www.jorgeorlandomelo.com/politicasculturales.htm

 

La cultura es capaz de convocar cientos de reuniones diferentes, lo que tiende a crear un espejismo sobre la cooperación. Reunión de Ministros de cultura,  de bibliotecarios, de directores de museos, de productores de cine, de legisladores sobre propiedad intelectual, de archiveros, de restauradores, formadores de gestión cultural, concejales de cultura, publicistas, agencias culturales, fundaciones, asociaciones de gestores, jóvenes empresarios de la cultura, innovadores y artistas por la creatividad… etc, etc.

Hay incluso un documento sobre la cooperación cultural que saco UNESCO en el año 1966. http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001140/114048s.pdf#page=87

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Si la búsqueda de significados, viene de las políticas culturales, y estas escapan sibilinamente de los procesos de cooperación, parece fácil entender por qué resulta tan complicado generar un sentido de pertenencia común a los procesos de crecimiento. Generar un espacio compartido. Crear un sentimiento de cercanía hacia el otro. Si la esencia de la existencia en común la “reglamentamos” a través de las políticas culturales y estas nunca hablan de hacerlo de forma compartida, la reacción lógica de aquellos sobre los que recae el actuar de las políticas será no hacer cosas juntos. Tratar de sobrevivir y de sobresalir de manera individual.

Pareciera además que el mundo de la cultura se transformó en el mundo de los egos que triunfan por separado, los  que son capaces de sobresalir como genios individuales y no como resultados de colectivos que los ayudan a llegar a ese punto de creatividad. El mundo de la cultura a los ojos de los ciudadanos comunes, es el mundo de los cantantes, pintores, bailarines, músicos, escritores, actrices, directoras de cine, directores de museos, galeristas, dueñas de colecciones privadas, criticas de arte, consultores de grandes exposiciones,  un mundo de hombres y mujeres que triunfan, que salen en los periódicos porque hacen cosas “guays, chéveres, bacanas” y que viven en esa burbuja que a veces se relaciona con la bohemia, con lo que está muy cerca de los márgenes sociales. Rondando la marginalidad desde cualquiera de sus lindes. Sin entrar en eso que todos criticamos que es la sociedad… La criticamos pero no podemos vivir fuera de ella. La estructura social nos parece un corsé del que queremos escapar y el “artista” lo consigue…

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No parece que la cultura sea algo inserto en una estructura, por lo menos la cultura viva, la muerta es más fácil de domesticar, la metemos en el saco del patrimonio, la llevamos a un museo y la exponemos como trofeo doblegado…

Y claro ¿qué pinta ahí la cooperación? Aunque sólo sea por una mera estrategia de supervivencia, las cosas deben comenzar a cambiar. La cultura tiene que  incorporar en sus políticas las estrategias de la cooperación, pero no en ese sentido trasnochado de ayuda casi caritativa a quien no tiene, porque todo el mundo tiene una cultura. En el sentido más parecido a un trabajo en común,  de construcción de objetivos compartidos, de historias en las que todos los participantes tengan algo que decir, algo que contar, algo que aportar, esa y no otra es la clave del éxito de una sociedad. Incorporar. Sumar, aportar desde distintos puntos de vista visiones que nos ayuden a todos a poder seguir creciendo.

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Ya más en el terreno de la práctica y menos en el de la “teórica” hoy en cultura o cooperamos o   nos será cada vez más difícil hacer cosas que nos permitan sacar nuestras obras adelante. Es decir como ya señalará Néstor García Canclini en la conferencia que dio en Casa de América el 1 de junio de 2005, en ir transformando cada vez más la cooperación en coproducción.

http://tiscar.com/2005/06/02/garcia-canclini-en-la-casa-de-america/

La cooperación debe incorporarse al crecimiento de la cultura . Es hora de empezar a pensar las políticas culturales desde más ángulos que los que en la actualidad contemplan su crecimiento, o mejor dicho, su estancamiento.

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Published by fvicario
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